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ADICTO A SU ESPOSA: El hombre que salvé es un CEO poderoso! romance Capítulo 156

C157-NO TIENES DERECHO A NEGARTE

Savanna negó con la cabeza.

—No... no puede ser... —susurró, con los ojos vidriosos.

El silencio que siguió fue sepulcral.

Jodie seguía en el suelo, sollozando mientras asimilaba que su peor trauma había sido una puesta en escena, una mentira psicológica cruel. Braxton, a su lado, apretaba los puños luchando contra el impulso de golpear a Ian mientras el peso de la información lo inmovilizaba.

En cuanto a Ian, no dejó que el miedo lo paralizara.

Tomó el control, con movimientos rápidos y una frialdad casi mecánica, se dirigió al estudio y regresó segundos después con una carpeta de cuero.

La lanzó sobre la mesa.

Dentro, estaban los documentos: una partida de nacimiento amarillenta y varias fotos de una Isabelle joven junto a un hombre que era un calco de Elías.

—Él robó esto de su caja fuerte —explicó—. Él también la odia y está dispuesto a atacarla.

Jodie dejó de llorar, mirando los papeles con una mezcla de náuseas y un aliciente de vida brutal: su cuerpo no había sido profanado, aunque el asco por el engaño de Elías le revolvía el estómago.

Savanna, por su parte, miraba a Ian con un dolor profundo; entendía que lo que había creído por mucho tiempo se estaba desmoronando y que lo peor era entender de que era hijo de un monstruo marcaba a cualquiera, pero no podía perdonar que él no hubiera confiado en ella.

Y Braxton permaneció rígido como una estatua.

No hubo disculpas por el golpe. Simplemente miró a Ian a los ojos y soltó con desprecio.

—Te escucho por Jodie, no por ti. Te aliaste con él a mis espaldas y eso no se borra con un secreto familiar.

El silencio volvió a instalarse, pesado e insoportable.

Savanna, con los ojos llenos de una decepción que quemaba, ayudó a Jodie a levantarse y la guio hacia el sofá con gestos suaves. Luego, volvió a clavar su mirada en su esposo.

—Vale, Ian... ¿cuál es el plan de Elías? —preguntó tensa—. Aunque no confío en él, en absoluto.

Ian bajó la cabeza. Miró sus manos, sintiéndose el hombre más despreciable frente a la mujer que amaba, tragó saliva, buscando las palabras, pero sabía que no había forma de suavizarlo.

—Hice mal, lo sé —admitió—. Cometí un error. Pero era necesario, de lo contrario, jamás habríamos descubierto esto. Jamás… hubiera sabido la verdad.

Tomó aire y expuso el plan: Iban a exponer a Isabelle públicamente. Tenían un USB cargado con pruebas de sus sobornos, robo de empresas y nombres de personas que ella había hecho desaparecer.

Elías tenía todo lo necesario para hundirla.

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