C170- ISADORA ISABELLE
—Yo no soy tu mamá, Ian. Soy tu tía.
Ian sintió que una bala le impactaba, mientras su mente se negaba a procesar lo que acababa de escuchar, las palabras rebotaban en su cabeza, pero no tenían sentido.
No podían tener sentido.
—¿Qué? —susurró, con la voz apenas audible.
Detrás de él, Elías dio un paso adelante, con el rostro descompuesto.
—Pero yo... yo... —tartamudeó, mirando a Isabelle con ojos suplicantes, buscando alguna señal de que esto era una mentira.
Isabelle ladeó la cabeza.
—Viste lo que querías ver, hijo. —dijo con burla—. Ian no es mío. Es de mi hermana.
Ian sentía el pecho explotar, en ese momento, no sabía qué creer, no sabía si toda su vida había sido una mentira, si cada recuerdo, cada momento, cada palabra que ella le había dicho... todo era falso. Su mente luchaba por encontrar algo sólido a qué aferrarse, pero no había nada.
Solo vacío.
Elías retrocedió, con las manos temblando. Miró a Ian, luego a Isabelle, y luego de nuevo a Ian, su rostro mostraba una mezcla de shock y dolor.
—¿Por qué? —murmuró—. ¡Solo di por qué, maldita sea!
Isabelle retrocedió unos pasos, mirando sus uñas con indiferencia, como si la conversación la aburriera.
—Porque no importaba. Porque ustedes dos nunca importaron.
Ian la miraba, con los ojos inyectados en sangre, su respiración ya era errática. Isabelle levantó la vista y lo miró con una sonrisa cruel.
—¿Quieres saber la verdad, Ian? ¿La verdad completa? —preguntó, saboreando cada palabra—. Hace diecisiete años, me metí en los negocios de la familia Moretti en Italia. Todos pensaban que estaba ayudando, que estaba siendo la buena tía regenerada, pero en realidad, estaba usando las cuentas de los Moretti para lavar dinero de mis propios fraudes en Francia. Junto a los cuatro CEOs… junto a Richard Voss.
Hizo una pausa, disfrutando del horror en el rostro de Ian.
—Tu padre lo descubrió, ese maldito con su sentido del honor. Me amenazó con mandarme a una prisión federal y para mí, eso significaba perder y yo no pierdo.
Ian luchó por respirar, porque sentía que se ahogaba.
—Así que lo silencié. —continuó Isabelle con una sonrisa—. A él y a mi hermana. Orquesté el incendio de la mansión Moretti, no sin antes lograr que firmaran, sin saber claro, por eso White, Black y Voss tomaron sus partes, ellos… fueron inversores fachada… Fue fácil, tan fácil. Y que tú te hubieras muerto quemado en el proceso... —se encogió de hombros—. Bueno, eras solo un cabo suelto colateral. Mi única prioridad era borrar a los testigos y protegerme.
Las manos de Ian temblaban atadas.
—Tú... —susurró, con la voz ahogada—. Maldito demonio...
—Sí. —Isabelle respondió sin vacilación—. Y lo haría de nuevo, te lo aseguro.
Ian rugió, se lanzó hacia ella con una furia ciega, con las manos esposadas pero sin importarle, solo quería llegar a ella, solo quería hacerle pagar.
Pero no llegó.

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Los comentarios de los lectores sobre la novela: ADICTO A SU ESPOSA: El hombre que salvé es un CEO poderoso!