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ADICTO A SU ESPOSA: El hombre que salvé es un CEO poderoso! romance Capítulo 179

C179- NO VOY A DEJAR DE AMARTE

Savanna colgó el teléfono con la mano temblorosa.

El jardín, que momentos antes respiraba calma, se llenó de una tensión pesada. Miró a Ian, todavía con el corazón latiéndole con fuerza.

—Mi padre despertó —dijo, aún sin poder creerlo—. Me pidieron que vaya al hospital.

Ian se tensó al instante.

Sus hombros se endurecieron y la mandíbula se le apretó con fuerza, y eso Savanna lo notó de inmediato, como siempre.

—¿Qué pasa?

Ivanna gorgoteaba feliz en sus brazos, ajena a todo.

Ian dudó, mirando hacia otro lado. No quería cargarla con esto ahora, no cuando acababan de tocar la felicidad.

—Dime —insistió ella, poniéndole una mano en el pecho—. Algo te pasa, Ian. No puedes quedarte callado, no deben haber más secretos entre nosotros. Ya no.

Él guardó silencio un momento largo, respirando hondo; finalmente habló, aunque asustado y afectado.

—No voy a repetir los errores del pasado, amore. —Tomó aire—. Arthur, antes de que lo arrestaran, me confesó algo. Dijo que mi familia tuvo que ver con el accidente de tu padre.

Savanna lo miró fijo. Primero el shock le abrió los ojos, luego llegó la perplejidad que la hizo fruncir el ceño.

—¿Qué estupidez es esa? ¿Cómo que tu familia?

Ian tragó saliva, sosteniendo a Ivanna con más fuerza contra su pecho.

—Al parecer tu padre hacía negocios con el mío, o quería hacerlos, no lo sé. El caso es que… descubrí hace tiempo que era verdad. Pensé que todo apuntaba a Arthur… pero ya sé que no fue él.

La realidad golpeó a Savanna como un puñetazo en el estómago. Y un vacío frío se le asentó en el pecho volviéndole las piernas débiles.

Por un segundo todo dio vueltas.

Sin embargo, en su interior algo firme le decía que no encajaba, que no podía ser tan simple. Sin dudar, tomó la mano de Ian y entrelazó sus dedos con los suyos, apretando fuerte.

—Sea lo que sea, no estoy dejando que esto nos afecte —sentenció, con la voz ganando fuerza—. Ya estoy cansada, Ian. Malditamente cansada de que el pasado nos joda. Pues que se jodan… Si tu familia hizo algo, no me importa.

Lo miró determinada, con los ojos brillando con rabia y amor al mismo tiempo.

—Te amo, te amo, te amo… y no voy a dejar de amarte. No voy a dejar a mi hija sin padre, ni voy a quedarme sin marido. —La rabia tomó el control y su tono se volvió más crudo—. Y malditamente no estoy dejando de follar contigo.

Ian la observaba, con el corazón latiéndole con fuerza. Una oleada de alivio lo recorrió entero. Porque esta mujer, su esposa, su vida, lo sorprendía una y otra vez. Apenas salían de Isabelle y ya enfrentaban esto, pero ella elegía quedarse. Elegía pelear por ellos.

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