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ADICTO A SU ESPOSA: El hombre que salvé es un CEO poderoso! romance Capítulo 58

C59: ¿ACASO NO TIENES ESPOSO?

Ian entró al departamento sin decir una palabra y cerró la puerta detrás de él, Valeria se acercó lentamente, con pasos suaves y una sonrisa coqueta que hacía que el baby doll rojo se moviera contra su piel.

—Tenemos que hablar —dijo Ian con voz grave.

Ella interpretó mal el tono y siguió acercándose, inclinando la cabeza con picardía, pero entonces, Ian levantó una mano para detenerla.

—Para, Valeria.

Ella se congeló en medio del paso y lo miró sin entender, con los labios entreabiertos. Ian respiró hondo y fue más directo.

—Eres la niña que creció conmigo, la hija de mi mentor. Alguien a quien aprecio de verdad. Pero eso es todo, solo te veo como eso.

Valeria apretó los puños con fuerza a los costados.

—Esto debí hacerlo hace mucho… fue mi culpa dejar que las cosas llegaran tan lejos —Ian retrocedió un paso metiendo las manos en los bolsillos de su pantalón—. Pero ahora seré claro. Nunca me voy a enamorar de ti, Valeria. Nunca tendré otra clase de sentimientos… y la única razón… es porque estoy enamorado de mi esposa.

Eso fue como un balazo al corazón para ella. Su pecho se contrajo visiblemente, como si le faltara el aire, mientras el color abandonaba sus mejillas y una humillación ardiente le subía por el cuello.

—¿De verdad te enamoraste de esa mujer?

Ian la miró a los ojos sin dudar ni un segundo.

—Savanna Hayes no solo es mi esposa. Es la única mujer que ocupa mis pensamientos. Y también es la única a la que le seré fiel, Valeria… entiende esto: No tienes oportunidades conmigo. Así que abandona la idea de seguir ofreciéndote deliberadamente y mejor busca a alguien que sea para ti.

Ella se quedó quieta, con los nudillos blancos y los ojos brillando de dolor, verguenza y humillación contenida.

(…)

En otra parte de la ciudad, después de pasar por Jodie, Savanna fue al club exclusivo en el Meatpacking District. Se había puesto una falda de cuero negro que apenas le cubría los muslos, botas altas y un microtop brillante que dejaba su espalda al descubierto. Llevaba el pelo en un moño desenfrenado, haciéndola ver radiante, peligrosa, como si estuviera lista para comerse la noche.

Se acercaron a la barra y Savanna levantó dos dedos y pidió dos cócteles fuertes.

Jodie, incómoda en su vestido sencillo, se removió en el taburete. No le gustaba estar ahí, menos ahora que tenía algo real con Elias.

—Sav… ¿qué haces aquí en vez de estar en tu departamento esperando a Ian? —preguntó—. Tal vez tuvo un contratiempo.

Savanna la miró asombrada y soltó una carcajada.

—¿Tú? ¿Tú me estás diciendo esto? ¿Dónde está mi amiga la dudosa? La de "oye Sav, debes tener cuidado, no confíes"

Jodie apartó la mirada y Savanna rio más fuerte cuando el barman dejó los tragos frente a ellas.

—¡¿Quién se llevó a mi amiga?! La quiero de vuelta.

Jodie apretó las manos alrededor de su vaso. Antes dudaba de Ian, pero ahora… ahora le daba igual. Sí, Elias le había dicho que no había nada entre él y Savanna, pero no podía arriesgarse.

La miró y con amargura tenía que aceptar que…

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