C74-LOS AMIGOS NO SE TRAICIONAN.
Arthur, pálido y temblando de rabia, se puso de pie de golpe. Todas las miradas se giraron hacia él y los flashes de las cámaras lo iluminaron como si fuera un criminal en un interrogatorio.
Intentó hablar, pero Savanna lo interrumpió con calma, sin siquiera mirarlo.
—Tío, si tiene declaraciones, el turno de prensa está al final.
Su voz era fría, profesional, intocable y mientras humillaba a su propia sangre. Detrás de ella, en la enorme pantalla LED pasaban imágenes de un pasaporte con la cara de Ian, recibos bancarios, hasta un acta de nacimiento.
Todo producto de ciertos contactos de Savanna y el trabajo en tiempo récord de Braxton.
Arthur no podía respirar, su rostro casi se deformó de la ira y no pudo contenerse, así que estalló.
—¡ESO NO PUEDE SER! —gritó, fuera de sí, señalando la pantalla con el dedo tembloroso—. ¡TODA ESA INFORMACIÓN ES MENTIRA! ¡YO MISMO LO INVESTIGUÉ! ¡ADEMÁS TENGO TESTIGOS!
La sala enmudeció al instante.
Savanna mantuvo la postura, pero algo en su mirada cambió.
—¿Testigos?
Arthur, sudando, soltó el nombre como una bomba.
—¡Jodie lo dijo! ¡Tu mejor amiga le decía cada palabra a Elias! ¡Le decía cada palabra que le confiabas!
El mundo de Savanna se detuvo, incluso dejó de respirar, incluso su cerebro hizo cortocircuito.
Solo podía escuchar el eco de esas palabras resonando en su cabeza una y otra vez.
Jodie.
Su mejor amiga.
Su casi hermana.
Detrás de ella, la pantalla seguía mostrando las pruebas elaboradas. Pero Savanna ya no la veía. Ian, a su lado, sintió cómo ella temblaba, así que se acercó de inmediato, poniendo una mano en su espalda.
—Mi amor...
Él también estaba en shock.
Pero no era momento para preguntas, era momento de sostenerla. Savanna tragó saliva, sintiendo cómo las lágrimas le humedecían los ojos, aun así las contuvo.
—Estoy bien —murmuró, sin mirarlo.
Respiró profundo, parpadeó una vez y volvió al micrófono.
—Señor Hayes, sus acusaciones carecen de sustento legal. Si tiene pruebas en contra de mi esposo, entréguelas a la Fiscalía. Si no, le sugiero que revise sus propios rabos antes de hacer acusaciones infundadas.
Con un gesto sutil de la mano, señaló la pantalla detrás de ella, donde aún reposaba la imagen del acta.
—Porque, como pueden ver, las mías ya están aquí.



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Los comentarios de los lectores sobre la novela: ADICTO A SU ESPOSA: El hombre que salvé es un CEO poderoso!