C8: CAMBIO DE PLANES
Ian sostuvo su mirada por un momento demasiado largo antes de sonreír.
—Uno aprende muchas cosas cuando necesita sobrevivir, Savanna.
La respuesta fue vaga. Evasiva. Y por alguna razón, eso hizo que las alarmas en la mente de Savanna comenzaran a sonar suavemente.
Ian se dio cuenta del error en cuanto las palabras salieron de su boca. Había mostrado demasiado conocimiento, demasiada familiaridad con conceptos que un simple soldado no debería manejar con tanta naturalidad.
«Maldición»
Pero antes de que ella pudiera hacer más preguntas, la puerta se abrió de golpe.
—¡Cielos, me dijeron que le pateaste el trasero a Arthur, Savanna! Debí estar allí, eso...
La mujer de cabello negro y ojos escrutadores se calló en seco al ver a Ian. Miró a su jefa y amiga, luego a Ian.
—Vaya, sí que te curaste rápido.
Ian parpadeó sin entender. Miró a Savanna, quien se apresuró a presentarlos con las mejillas ligeramente sonrojadas.
—Ian, ella es Jodie, mi asistente y mejor amiga. Es... ¿cómo decirlo? Sin filtros. Pero es buena.
Jodie alzó una ceja.
—Buena es quedarse corta. Soy excepcional —miró a Ian de arriba abajo—. Y tú, ¿por qué estás aquí?
—Trabajo aquí —respondió Ian antes de que Savanna pudiera intervenir.
Se acercó a Jodie con pasos medidos. Ella tragó saliva al darse cuenta de lo intimidante que era de cerca, pero Ian simplemente extendió su mano.
—Un gusto, Jodie. Y... me agradan las mujeres como tú.
Hizo una pausa, sosteniendo su mirada con intensidad.
—Las que no se dejan pisotear. Las que dicen lo que piensan sin miedo. El mundo necesita más mujeres así.
Jodie se quedó sin palabras por primera vez en años.
—Gra... gracias.
Ian sonrió y soltó su mano justo cuando su teléfono vibró en el bolsillo. Sabía quién era.
Braxton.
Y no podía contestar allí.
—Y sé que tienen mucho de qué hablar, mientras yo… necesito ir al baño.
Ian se giró hacia la puerta.
—Deja que Jodie te guíe —interrumpió Savanna—. No sabes dónde está.
Ian negó suavemente, con la mano en el pomo.
—Puedo encontrar el baño por mí mismo, cielo. —Le guiñó un ojo—. Estaré bien.
Salió de la oficina antes de que alguna de las dos pudiera responder. Pero las mariposas en el estómago de Savanna explotaron otra vez, en un caos absoluto mientras Jodie se quedaba boquiabierta.
En cuanto la puerta se cerró, la pelinegra se giró hacia su amiga con una ceja alzada hasta la línea del cabello.
—¿Cielo? ¿Por qué te llama con tanta confianza?
Savanna levantó las manos en señal de rendición.
—Te pondré al tanto, solo para que sepas. Después te explico todo, pero ya sabes... no toques el tema en la empresa.
Jodie asintió sin entender nada.
—Está bien, pero...
—Ian y yo... estamos casados.
El silencio que siguió fue ensordecedor. Pero entonces Jodie explotó.
—¿¡CA... CASADOS!? ¿Estás loca? ¡Apenas pasaron horas, Savanna!
—¡Baja la voz! —la regañó Savanna, mirando hacia la puerta—. Y sí.
—Pero... Savanna, este hombre...
—Jodie, solo acéptalo, ¿ok? Ya Arthur lo sabe y casi vomita la bilis.
Jodie se cruzó de brazos, su expresión pasando de sorpresa a preocupación.
—No lo sé, esto es muy apresurado. Sí, necesitabas casarte, pero… no sabemos nada de este tipo. Es guapo, sí, pero... Sav... no sabes si es peligroso. ¿Cómo vas a hacerlo tu esposo así como así?
Savanna sintió el peso de esas palabras. Su amiga tenía razón. No sabía nada de Ian Smith. Nada real. Solo lo que él había querido mostrarle. Pero era eso o perder ante Arthur.

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