Tenía unas ganas inmensas de arrojarle el agua hirviendo a la cara.
Pero al mirar a su hija, que por fin se había tranquilizado en sus brazos, agarró el termo y se obligó a soltarlo.
Lo fulminó con la mirada, llena de un odio helado.
Diego, consciente de que la había regado, se quedó inmóvil en la puerta. No se atrevía a acercarse, y toda la rabia que sentía se esfumó en un segundo.
Observó con tensión a la bebé en los brazos de Amaya; al ver su carita, se llenó de culpa.
Tras los enormes esfuerzos de Amaya por calmarla, Renata por fin volvió a quedarse dormida.
Amaya acostó a Renata en la cama con mucho cuidado y le hizo una seña a Marta para que la vigilara.
Luego, le lanzó a Diego una mirada asesina, indicándole que la siguiera al pasillo.
De por sí ya planeaba reclamarle a Diego por el contagio de su hija.
No esperaba que él fuera el primero en entrar furioso.
No necesitaba pensarlo mucho para saber que si él había abierto la puerta de un golpe con tanto coraje, seguro ese par de mujeres le habían contado alguna historia exagerada.
Era obvio que les había creído todo... Amaya, al pensarlo, soltó una sonrisa sarcástica.
Caminaron uno detrás del otro hasta llegar a las escaleras de emergencia, a unos pasos por el pasillo.
Diego, abrumado, sacó un cigarro por inercia, le dio una calada profunda y se disculpó casi sin pensar:
—Perdón, hace rato no sabía que la niña...
Amaya sintió que sus palabras le taladraban los oídos.
—Cállate, no quiero oírte. Ve al grano, ¿qué pretexto traes ahora para pelear?
Diego miró a Amaya, sintiendo una angustia que casi lo ahogaba, pero se armó de valor y habló:
—Me enteré de que tu mamá golpeó a Vera en el pasillo del hospital, ¿es cierto?
Amaya se cruzó de brazos, su mirada se volvió de hielo y lo miró con desdén.
—¿Y qué? ¿Vienes a hacerla de caballero andante para defender a Vera?
—Pero, ¿no podían hablar las cosas por las buenas? —dijo Diego, frunciendo el ceño—. ¿Por qué tienen que agarrarse a cachetadas a la primera provocación? Somos gente civilizada, no hay necesidad de llegar a...
Amaya sintió que sus palabras eran insultantes y lo interrumpió tajante:


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