Al ver la escena, Valeria se quedó de piedra.
Antes de que pudiera reaccionar, varios funcionarios comenzaron a bajar de los vehículos oficiales.
Cuando vio que los hombres escoltados hacia ellos eran nada menos que los vicealcaldes de urbanismo de Solsepia y Santa Lucía, el rostro de Valeria perdió todo su color.
Tras años de lidiar con dependencias gubernamentales, sabía mejor que nadie lo que significaba la presencia de aquellos dos pesos pesados en la obra.
La expresión de Diego también se ensombreció, y su mirada se volvió tensa.
Romeo dio un paso al frente y saludó con una respetuosa inclinación de cabeza.
—Señores, la situación era crítica. Lamento haber tenido que movilizarlos de urgencia.
—Mi abuela, con tal de proteger El Paladar y sabiendo lo delicada que está de salud, vino sola a esta obra para suplicarles que se detuvieran. No solo la ignoraron, sino que ordenaron a los obreros atacarla con mangueras de agua a presión. Ahora mismo, ella sigue luchando por su vida en la sala de emergencias.
Romeo expuso los hechos con crudeza ante las autoridades.
Al escuchar que Luciana Guzmán seguía debatiéndose entre la vida y la muerte, a Valeria y a Diego se les cayó el alma a los pies.
Valeria, confiando en que ya se había codeado antes con los vicealcaldes, se apresuró a intervenir con una sonrisa aduladora.
—Señores, permítanme explicarles. La situación es la siguiente...
Sin embargo, los funcionarios ni siquiera la dejaron terminar y la cortaron con un gesto tajante de la mano.
—Ya estamos perfectamente al tanto de lo que ocurrió.
—En los últimos dos años, todo Solarenia ha redoblado los esfuerzos para proteger su patrimonio arquitectónico. Se han implementado políticas estrictas en todo el país.
—Desde que se aprobó este proyecto, les hemos reiterado hasta el cansancio que la prioridad absoluta, bajo cualquier circunstancia, era garantizar la integridad de El Paladar.
—De no haber sido por la señora Guzmán, quien arriesgó su propia vida al venir sola a detenerlos, esta noche ustedes habrían cometido un error imperdonable.
—La obra queda clausurada de inmediato hasta que se realicen las correcciones pertinentes. A partir de hoy, cada paso de este proyecto será evaluado y supervisado por un comité especial. ¡No moverán un solo ladrillo sin nuestra autorización por escrito!

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