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Adiós a la Esposa Perfecta romance Capítulo 932

—Tengo entendido que no solo es un prodigio en el diseño moderno, sino que posee un talento innato para la arquitectura patrimonial. Además, es la alumna estrella de la señora Guzmán. Cuando El Paladar comenzó a ceder, fue su proyecto de restauración el que logró mantener la estructura en pie, justo en la frontera de nuestras ciudades.

—Eso es invaluable. El legado de nuestros antepasados es un tesoro, y no debemos permitir que las tendencias modernas borren siglos de historia e identidad cultural.

—Díganme, ¿qué relación hay entre ustedes dos?

Amaya y Romeo se miraron a los ojos y respondieron al unísono con una sonrisa radiante.

—Somos esposos.

Al escuchar esto, el rostro del funcionario se iluminó con entusiasmo.

—¡Magnífico, simplemente magnífico! Una dupla imparable. Estoy seguro de que, con su unión, Solsepia vivirá una verdadera época dorada en la arquitectura.

El vicealcalde de Santa Lucía no quiso quedarse atrás y lanzó su propia oferta.

—En Santa Lucía también tenemos bastantes proyectos que necesitan mentes brillantes. Ojalá puedan hacernos un espacio en su agenda para una visita; yo mismo me encargaré de recibirlos con los honores que merecen.

...

Tras unos minutos de cordial intercambio, Romeo y Amaya acompañaron a las autoridades hasta la salida, entre risas y un trato sumamente afable.

La decena de vehículos oficiales que los habían escoltado encendieron los motores y se retiraron en caravana, levantando el polvo del camino.

Para entonces, el cielo ya se había aclarado por completo. Los primeros rayos del sol acariciaron la tierra de la obra, iluminando el caos de la noche anterior.

Diego se quedó clavado en el sitio, observando la perfecta sincronía entre Romeo y Amaya. Ver cómo se ganaban el respeto absoluto de las autoridades le revolvió el estómago.

En cambio, él y Valeria habían invertido una fortuna incalculable en aquel desarrollo inmobiliario, solo para terminar convertidos en el hazmerreír y el ejemplo perfecto de lo que no se debía hacer.

Un nudo de amargura, culpa y frustración le cerró la garganta a Diego.

Valeria miraba a Amaya y a Romeo tomados de la mano, desbordando amor, y sus ojos inyectados en sangre reflejaban un odio venenoso.

—¡Esto es el colmo! ¡Se escudan detrás de causas nobles, pero es evidente que solo buscan vengarse de nosotros!

—¡Creen que pueden usar al gobierno para acorralarme! ¡Pues están muy equivocados si piensan que me voy a dejar pisotear!

Maldijo Valeria, escupiendo veneno con cada palabra.

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