Capítulo siete: Mi hermana es una víbora
“Narra Apolo Galanis”
Ella parecía dudar mientras se quedaba en trance. Sin embargo, al final me observó con la expresión rendida.
—No tengo opción, ¿cierto?
—No —respondo y no me dejo llevar por su actuación. ¡Maldición, es buena!—. Vas a tu casa a recoger tus cosas y te mudas —dispuse sin dejar espacio a réplicas.
—¿Qué? —ella me miró asustada.
—¿Tienes algún problema con ello? —enarquée una ceja inquisidora—. ¿De verdad quieres irte a vivir con la familia que siquiera te ha visitado en toda una semana?
—No, yo… Bueno… —no hacía otra cosa excepto balbucear y mirar el suelo como si la vida se le fuera en ello. Me estaba impacientado—. No me conoces, soy torpe, sencilla. No sé si pueda acostumbrarme a un palacete tan inmenso como el tuyo y es obvio que no me soportas, apenas puedes verme… Tal vez lo mejor sea que me vaya a vivir sola hasta la… boda.
—¡Ni hablar! Ese niño es mío, es un Galanis y mientras tú lo cargues, no pienso perderte de vista —le dejé claro—. Dejaré un auto a tu disposición.
“Narra Sofía Wilson”
No tuve más remedio que subirme al auto. ¿Qué me quedaba? Y aunque el señor griego era un arrogante patán tenía razón en algo: él era mi mejor opción y el padre del bebé-
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Me quedé para frente a la puerta, dudando si entrar o no. No obstante, me llené de valor y lo hice. Mi padre estaba sentado en el sofa junto a mi madrastra y a mi hermana… tan despreocupados, como si yo no les importara.
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—¿Te han dado de alta? —mi madrastra fue la primera en reparar en mi presencia—. ¿Lo ves, cariño? —llamó la atención de mi padre—. Te dije que estaría bien.
—¿Por qué no fuiste a verme, papá? —sabía que no debía preguntar, pero lo hice de todas formas. Necesitaba saberlo.
—-Él me lo dijo —se remitió a responder, aunque por su tono y su gesto daba entender que decía mucho más—. ¿Con quién vas a casarte, Sofia? ¿A qué pobre diablo has pescado esta vez?
—¿Y con qué maniobras? —añadió su madre—. Ya veo que por mucho que tu padre te haya repudiado, sigues en malas andanzas. ¿Lo ves querido?
Me dolió que mi padre ni siquiera se inmutara mientras las dos víboras. E inesperadamente, eso me dio valor para enfrentarlas.
—Pues no es pobre —me envalentoné—. De hecho, es muy rico. Les enviaré la invitación a la boda.
Fue lo último que dije antes de perderme hacia mi habitación. Recogería mis peretenenecias lo más rápido posible y me largaría de allí para no regresar. No quería estar en la casa un minuto más. Dudé si llevarme el oso de peluche que me había regalado Archie en nuestra primera cita, pero al final lo tomé. No podía deshacerme de él. Todavía dolía mucho.
—¿Te vas a casar con otro y te llevas ese oso? —Emma apareció en mi campo de visión, burlándose—. ¿Qué? ¿Todavia no lo puedes olvidar?
—No es asunto tuyo.
—Es que sí lo es, hermanita —se río más fuerte, como si acaba de cumplir una gran hazaña—. Por lo visto, él no te lo ha dicho, así que te daré la primicia. Archie y yo somos novios, Sofie. Estamos juntos, por eso rompió contigo.

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