La verdad, esa explicación dejaba mucho que desear.
Sin embargo, Macarena también sentía que ya había madurado.
—Tienes razón, la próxima vez no invitaré a la gente así —dijo ella.
—Es que mis papás siempre temen que mi cumpleaños sea aburrido si estoy sola, por eso invitan a un montón de gente.
Ante eso, Cecilia se quedó sin palabras.
Ni siquiera era Macarena quien había invitado a toda esa gente.
Entonces, ¿para qué los traían? ¿Para hacer bulto y crear ambiente?
Cecilia probó la obra maestra del chef de postres y se dio cuenta de que no era tan suave como los que preparaba Davis.
Si Davis lo hubiera hecho, seguramente sabría mucho mejor.
Al parecer, Davis tenía madera para convertirse en un maestro repostero en el futuro.
Cecilia picó algunas otras cosas; todo estaba rico.
Pero tampoco era nada del otro mundo.
En cambio, Mireya y Estella disfrutaban de la comida felices de la vida.
Las tres le entregaron sus respectivos regalos a Macarena.
Estella le dio una bufanda tejida a mano.
Mireya le regaló un perfume.
Y Cecilia le entregó el bálsamo embellecedor que ella misma había preparado.
Aunque el frasco no llamaba mucho la atención, los resultados eran increíbles.
Macarena los recibió todos con mucho gusto.
—Maca, ¿estas son tus tres *roomies*? —Alguien se acercó.
Era una chica.
Bastante bonita, pero definitivamente no tanto como Macarena.
—Así es, son mis compañeras de cuarto —asintió Macarena.
La chica estiró la mano y agarró una de las bolsas de regalo.
Casualmente, tomó la bufanda que Estella le había dado.
—A ver, ¿qué cositas buenas te regalaron tus compañeras? —dijo, asomándose—.
—¿A poco es la crema para cicatrices CÉ? El empaque se ve distinto.
—Carolina, ¿no tienes nada mejor que hacer? ¿Para qué preguntas tanto? —le reclamó Macarena, molesta. A ella no le importaba lo que le regalaran sus amigas, lo aceptaba todo.
Además, cualquier cosa era mejor que los mismos regalos genéricos de cada año.
Pero Carolina parecía no entender indirectas y seguía de metiche.
¿Acaso no se dio cuenta de lo incómoda que se puso Estella cuando criticó su bufanda?
—¿Quién dice que no tengo nada que hacer? Solo me dio curiosidad —se defendió Carolina.
—Antes ni te juntabas con nadie de la escuela, y ahora traes a tus tres compañeras de cuarto a tu cumpleaños. Se ve que se llevan súper bien.
A pesar de todo, Carolina era una de las pocas amigas verdaderas de Macarena.
Aunque a veces hablaba de más, no llegaba a caer mal.
Cecilia, viendo una oportunidad de oro para hacer publicidad y vender, intervino de inmediato:
—Este es el nuevo producto de CÉ. Lo conseguí porque tengo contactos adentro.
—¿Qué producto nuevo? —preguntó Carolina, mordiendo el anzuelo al instante.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Cecilia: De rechazada a soberana