—¿Cuál carga? No digas tonterías.
En el fondo, Jacobo seguía arrepintiéndose de no haber obligado a Gonzalo a quedarse.
Gonzalo, por su parte, no sentía ningún remordimiento.
Al final de cuentas, había perdido un ojo; las probabilidades de seguir siendo útil en combate eran mínimas.
Y pedirle favores a su antiguo comandante para conservar un puesto lo sentía como robarle el lugar a alguien más capacitado. Jamás lo habría aceptado.
Gonzalo era, ante todo, un hombre íntegro y humilde.
Cecilia tocó la puerta y Jacobo le pidió que pasara de inmediato, sin ninguna formalidad.
Luego, procedió a presentarla con Gonzalo.
—Ceci le salvó la vida a mi nieto, lo que significa que salvó a toda mi familia. Y ahora me está ayudando con mi tratamiento.
—Es una doctora excepcional. Deja que te dé una revisada rápida para ver cómo andas de salud.
Cecilia saludó a Gonzalo con una sonrisa.
—De hecho, ya tuve el gusto de ver al señor Gonzalo en la universidad.
—Manejaba ese bastón con tanta fuerza que dejó a más de uno temblando de miedo.
Jacobo no tenía idea de lo que había pasado, así que la curiosidad lo invadió de inmediato.
—¿Por qué no me habías contado nada de eso?
Ante la pregunta de Jacobo, Gonzalo intentó evadir el tema.
—No fue nada importante, solo un problema con mi nieto, que es un cabeza hueca y andaba de resbaloso.
—Estaba a punto de comprometerse con su novia y se puso a hacer un escándalo en la universidad. Me dio tanto coraje que fui a darle unos buenos bastonazos.
En ese instante, Cecilia se dio cuenta de que tal vez había hablado de más.
Recordó que Agustín le había contado que Jacobo tenía una hija que se había enamorado de un hombre de Estrellonia.
Por ese hombre, ella le había dado la espalda a su propio padre.
Para Jacobo, su hija no solo lo había traicionado a él, sino también a su país.
Había traicionado sus principios más sagrados.
Por eso, su hija era un tema estrictamente prohibido.
Si Jacobo llegaba a enterarse del verdadero motivo por el que el nieto de Gonzalo había recibido la golpiza, seguramente reabriría sus viejas heridas.
Por suerte, Jacobo no hizo más preguntas.
Intuyó que Gonzalo no le estaba contando toda la verdad.


VERIFYCAPTCHA_LABEL
Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Cecilia: De rechazada a soberana