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Cecilia: De rechazada a soberana romance Capítulo 1222

Su padre pagó un precio muy alto por ello; incluso se le congeló cualquier ascenso durante tres años.

Por eso, cada vez que Erick veía a Agustín, temblaba como un ratón acorralado por un gato.

—Eso mismo te pregunto yo. ¿Se te ofrece algo con mi prometida?

El tono de Agustín no fue nada amigable.

Erick se sobresaltó:

—¿Es tu prometida?

—¿Desde cuándo tienes prometida?

Agustín arqueó una ceja:

—Si tengo prometida, ¿tengo que rendirte cuentas a ti?

—No, no, para nada, solo me sorprendió la noticia.

—La prometida del señor Sandoval es hermosísima. ¡Hacen una pareja espectacular!

—Gracias por el halago —respondió Agustín, manteniéndose impasible.

Mientras tanto, Erick sentía que el corazón se le salía por la boca con cada palabra cruzada.

En su ignorancia juvenil, había creído que llegar a Viento Claro respaldado por su padre lo convertía automáticamente en un mirrey intocable.

Jamás imaginó que un cargo como el de su padre solo era un pez más en un océano lleno de tiburones.

Aquellas aguas eran demasiado profundas.

Como esa belleza desconocida frente a él, que resultó ser nada menos que la prometida de Agustín. ¡Vaya sorpresa!

—Señor Sandoval, si no hay nada más, mejor me retiro.

—El té de hoy estuvo buenísimo, tomé de más y me urge ir al baño.

Sin esperar siquiera a que Agustín asintiera, Erick salió disparado hacia el sanitario.

Cecilia no aguantó la risa:

—Parece que te tiene pavor.

—No es de Viento Claro. Llegó aquí siguiendo a su papá y se creía el dueño de todo.

A pesar de todo, un júnior mimado como Erick tampoco era el diablo en persona.

Agustín solo lo había puesto en su lugar para darle una advertencia clara.

Tenía que darle un buen susto para que entendiera que en Viento Claro no se podía andar molestando a la gente por ahí, ni hacer lo que le viniera en gana escudándose en el poder de su padre.

Y, curiosamente, cuando Gustavo Chávez se enteró de todo aquello, estuvo de acuerdo.

Gustavo debía de haber sufrido dolores de cabeza terribles al ver que su propio hijo casi arruina todo su esfuerzo.

Sacrificar tres años de ascenso a cambio de que su hijo dejara de causar problemas había sido un negocio bastante justo.

—De hecho, tiempo después, el señor Chávez me agradeció personalmente.

Esa era otra de las grandes razones por las que Erick le tenía tanto pavor.

No solo su papá se negaba a defenderlo, sino que, si Agustín le daba una paliza, su propio padre aplaudiría y diría que se la tenía bien merecida.

Así que, ¿qué sentido tenía provocar a Agustín?

¿Acaso quería que le rompieran la cara gratis?

—Diviértanse un rato, andamos corriendo de un lado para otro y no podemos atenderlos bien —dijo Fabián, acercándose a la mesa con Alba para brindar.

Ni a Cecilia ni a Agustín les importó en absoluto; entendían que los novios estaban a tope y podían arreglárselas solos.

Fue Jacobo quien aprovechó la ocasión para presentarle a Cecilia a varias personas importantes.

—Me enteré de que en el hospital, a don Fernando lo trató una doctora muy joven con acupuntura médica.

—¿Acaso fue Cecilia?

Alguien la miró con mucha curiosidad.

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