Cuando ella y Agustín salieron, las calles estaban vacías. Los copos de nieve habían empezado a caer silenciosamente, cubriendo el suelo con un manto blanco.
Cecilia atrapó un copo en el aire.
—¡Está nevando!
Agustín asintió.
—¿Tienes frío?
Ella llevaba un abrigo afelpado con un cuello blanco y esponjoso que hacía resaltar su piel de porcelana, luciendo hermosa y radiante bajo las luces. Sin embargo, el contraste de temperatura era brusco y sus manos se sentían heladas.
—Un poco en las manos —confesó con total sinceridad.
Sin dudarlo, Agustín tomó su mano entre las suyas.
—¿Y ahora?
Los dedos del hombre eran cálidos y su palma ancha le transmitió un calor reconfortante. Cecilia hizo el ademán de soltarse, pero él la sujetó con firmeza. Rendida, se dejó querer.
—Mucho mejor.
Siguieron caminando juntos, sin prisa por volver, dejando dos hileras de huellas sobre la nieve. No había casi nadie en la calle; el clima había espantado a los transeúntes. Bajo la luz amarillenta de las farolas, la pareja parecía sacada de una película romántica.
Alguien que pasaba en su auto logró capturar esa mágica escena por accidente y la subió a internet con un breve mensaje: "Noche de nieve en Viento Claro".
La foto, que solo mostraba sus espaldas, no tardó en volverse viral.
—Qué romántico caminar en la nieve. ¿Dónde está mi media naranja? ¡Yo también quiero salir a ver la nieve!
—Madre mía, con solo ver la silueta se nota que son el uno para el otro. ¿Dónde fue esto? ¡Quiero ir a buscarlos!
Al llegar a casa, Cecilia le aplicó la sesión de acupuntura a don Ezequiel. Al terminar, Agustín la llevó a su departamento.
Al día siguiente, Cecilia tenía que ir al laboratorio para afinar los últimos detalles de un proyecto. Quería dejar todo listo antes de las fiestas de fin de año.
Fue entonces cuando recibió una llamada de Charlotte Dubois.
—Cecilia, ¿crees que podrías revisarme una vez más antes de las fiestas? Me llegó la regla y los cólicos me están matando.
Cecilia frunció el ceño.
—Claro, ¿vienes a mi departamento o nos vemos en otro lado?
Por lo general, Charlotte prefería verla en su casa, y a Cecilia no le molestaba. Sin embargo, le sorprendía que, estando a nada de la Navidad, Charlotte aún no hubiera logrado convencer a Sabrina Hernández de ir a tratar a su profesor. ¿Acaso no planeaba volver a Estrellonia para las vacaciones? ¿O se quedaría hasta conseguir un médico que accediera a su petición?

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