—La familia González de verdad es de lo peor; se embolsaron todo ese dinero usando materiales baratos, y encima su hija andaba presumiendo por ahí de que su familia estaba a punto de hacerse rica.
—Parece que creían que el proyecto del Sector Poniente los iba a mantener por el resto de sus vidas.
Dejando de lado que la remodelación de la Plaza Gastronómica se le entregó a Aarón para poner a prueba su capacidad.
No era seguro que el Grupo Novaterra firmara contratos futuros con él.
¡Y la familia González ya daba por hecho que el contrato de suministro de materiales para el Sector Poniente estaba en su bolsillo!
Qué audacia.
Aarón solo le había pasado una fracción de los pedidos a Edgar, y el tipo ya se sentía en las nubes.
—No cancelé el contrato con Aarón por dos razones: primero, porque tuvo la decencia de confesarlo por su cuenta; y segundo, porque quien ya se ha equivocado una vez, se vuelve más cauteloso.
Aarón sabía muy bien que Agustín le estaba dando su única oportunidad.
Si no la aprovechaba, podría terminar igual que Edgar.
No, ¡peor, terminaría como la familia Ortiz!
Para la próxima selección de proveedores, Aarón tendría muchísimo más cuidado.
Incluso requeriría la aprobación del Grupo Novaterra antes de tomar una decisión.
Esa era exactamente la cautela que Agustín buscaba en él.
Cecilia asintió, comprendiendo todo.
—El señor Aarón solo tuvo un descuido y reaccionó a tiempo para solucionarlo.
—A fin de cuentas, pecó de confiar demasiado en la persona equivocada.
—Ojalá de verdad pueda compensarlo esta vez.
Agustín en realidad tenía buenas expectativas sobre Aarón.
Aunque había cometido un error que retrasaría un poco la inauguración de la Plaza Gastronómica.
En el fondo, era el dueño de una empresa de remodelaciones muy responsable.
De lo contrario, no habría descubierto el problema con los materiales de Edgar en medio de las festividades.
Si el Grupo Novaterra lo había elegido entre tantos equipos de remodelación, sin duda era por sus méritos.


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