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Cecilia: De rechazada a soberana romance Capítulo 1348

Lo más sensato era dar un paso al costado y limpiar su propia imagen frente a él.

Y en el futuro... Estaba convencida de que, cuando llegara a necesitarlo de urgencia, él no dudaría en tenderle la mano como el héroe que creía ser.

—Ya mismo buscaré a alguien que me ayude a empacar mis cosas.

Ramiro sintió una puntada de culpa al oír su resignación: —Yo te ayudo... No, olvídalo, te contrataré un servicio de mudanza.

Si de verdad quería cortar todo lazo con ella, tenía que evitar cualquier encuentro cara a cara.

No podía permitirse que los Villegas le encontraran algún pretexto para destruirlo.

Delfina captó de inmediato el tono de arrepentimiento, e hizo un puchero lleno de orgullo herido: —No hace falta, ya conseguiré quién me ayude.

—No quiero ser una carga pesada para ti, Ramiro.

Sus palabras fueron como dagas directas al corazón del pobre muchacho, hundiéndolo en la culpa.

—Lo lamento, Delfi. Te prometí que cuidaría de ti para siempre, pero esto se me salió de las manos.

—No me pidas perdón —dijo Delfina, con la voz quebrada de pura nobleza fingida—. Solo quiero que seas muy feliz y logres todo el éxito del mundo.

Ramiro se quedó mudo. Tenía un nudo en la garganta.

—De acuerdo, lo haré por ti.

¡Qué escena tan ridículamente cursi! Habría que ver la cara de Amanda Villegas si supiera la novela de quinta que estaban protagonizando.

Mientras tanto, a Cecilia le importaba un pepino haberse cruzado con la mosca muerta y su ex.

Terminó de cenar tranquilamente y se dirigió sin prisa hacia el Gran Hotel Imperial.

El Gran Hotel Imperial era uno de los lugares más exclusivos de toda la ciudad. Se notaba a leguas que al mentor de Charlotte Dubois no le faltaba un centavo.

Al llegar a la recepción, Cecilia sacó el teléfono para avisarle a Charlotte.

Como le había prometido a la abuela, no iba sola; Rayan Ortiz venía escoltándola.

—Voy bajando a recibirte.

Charlotte estaba rebosante de alegría al escuchar que Cecilia ya había llegado.

Pero en cuanto las puertas del elevador se abrieron y vio a un hombre musculoso parado junto a la chica, la sonrisa se le borró de tajo.

—¿Vienes con él, Cecilia? —preguntó Charlotte, midiendo a Rayan con recelo.

Cecilia asintió con naturalidad: —Mi familia no quería que anduviera sola tan tarde, así que le pidieron a mi primo que me acompañara.

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