La casa del abuelo Youssef Merino respiraba un fuerte espíritu festivo, y era evidente que todo había sido decorado con esmero.
Ronan y Flora Merino se encontraban en casa.
Los dos hijos de la familia Merino y sus respectivas esposas también estaban presentes.
Cuando se enteraron de que Cecilia era la doctora encargada de la salud del abuelo Youssef, ambas parejas mostraron una clara incredulidad.
En especial la madrastra de Flora, Xiomara, quien miraba a Cecilia con un escrutinio tan severo que parecía estar evaluando a una vulgar estafadora.
—Papá, esta doctora es demasiado joven. ¿Quién fue el que le aseguró que ella podría ayudarle con su salud?
La edad de Cecilia hacía que fuera realmente difícil tomarla en serio.
Al abuelo Youssef nunca le había agradado esa nuera, así que ni siquiera se molestó en dirigirle la palabra.
Al ver que el anciano la ignoraba olímpicamente, Xiomara le lanzó una mirada a su marido.
Si a su suegro no le gustaba lo que ella decía, seguro que sí escucharía a su propio hijo.
Camilo Merino, captando la indirecta de su esposa, tomó la palabra:
—Papá, Xiomara tiene razón.
—¿Por qué no mejor le consigo un buen doctor especialista en medicina natural? Xiomara y sus compañeros de trabajo escucharon de uno excelente que está en el sur.
—Aprovechando que estamos de vacaciones, podríamos ir de viaje hacia allá y que ese experto lo revise.
Curiosamente, el pueblo natal de Xiomara quedaba justamente en el sur. Quién sabe qué tipo de conexión tendría con ese supuesto médico milagroso.
El abuelo Youssef no entendía qué clase de embrujo le había lanzado esa mujer a su hijo para tenerlo tan cegado.
De cualquier forma, él no pensaba moverse de su casa.
—No es necesario, les agradezco la intención.
—En cuanto a la doctora Ortiz, no se dejen llevar por su edad. Es una profesional excepcional.
—Pero, papá, a Xiomara le costó muchísimo trabajo conseguir una cita con ese doctor.
Camilo se negaba a dar el brazo a torcer.
Aunque su intención principal era defender a su esposa, también había un poco de preocupación genuina. Después de todo, mientras su padre estuviera vivo, él tenía un respaldo.
El día que el anciano faltara y su hermano mayor, Facundo, tomara las riendas de la familia, las cosas se pondrían muy feas para él. Su hermano mayor no lo soportaba.


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