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Cecilia: De rechazada a soberana romance Capítulo 1398

Esta chica parece refinada, ¿acaso tiene un carácter tan explosivo?

Viendo las heridas que llevaban los dos primos, uno podía imaginarse lo asustados que debieron haber quedado.

—¡Ay, de verdad que quien camina mucho de noche termina encontrando fantasmas! —Yago Yáñez aplaudió riendo a un lado.

Su alegría por la desgracia ajena era muy evidente.

Enzo Ortega y Cecilia lo miraron al mismo tiempo.

Yago se dio un golpecito en la boca de inmediato:

—¡Ay, miren lo que dije! Me equivoqué, no estoy diciendo que Ceci sea un fantasma.

—¡Eres la mejor! —Le levantó el pulgar a Cecilia.

Todos los demás pensaban lo mismo. Leandro Vera era el tipo de persona que necesitaba un buen escarmiento.

Él iba de sinvergüenza coqueteando con chicas, pero esta vez se había topado con pared, ¿no?

Tampoco se le podía culpar a Yago por alegrarse de su desgracia. Su hermana menor había sido molestada por Leandro.

A pesar de que Leandro era un vago, tenía buena apariencia y era hábil con las palabras.

La hermana de Yago había caído en sus engaños, y al poco tiempo de estar juntos, Leandro no pudo resistir la tentación de coquetear con otras chicas.

Al final, la hermana de Yago rompió con ese patán, pero terminó con el corazón roto.

En cambio, Leandro, como si nada hubiera pasado, continuó con su vida normal.

—Yo tampoco esperaba tanta coincidencia. —Cecilia miró el chichón en la frente de Leandro—. Alguien me cerró el paso y fue una reacción instintiva.

—Después de todo, en ese momento me asusté mucho.

Cecilia hablaba de haberse asustado con la misma naturalidad con la que habría dicho que desayunó sopa y panecillos.

¡Qué iba a estar asustada ella!

—Niña, con tu habilidad y tus maniobras, ¿acaso ibas a estar asustada?

Leandro no quería admitir que sus habilidades al volante eran inferiores, pero había visto claramente el perfil de la chica en el coche, estaba tan tranquila que parecía no sentir la más mínima alteración.

Originalmente, Leandro quería encontrar a esa chica, pero desafortunadamente esa noche tenía asuntos importantes que atender, así que tuvo que dejarlo para después.

Pero mira por dónde, la persona que estaba buscando resultó ser la prima de Enzo Ortega.

—Me asusté mucho, por eso mis maniobras fueron tan extremas. Fue todo por instinto.

—Pero, ¿tú y tu primo no necesitan ir al hospital por esas heridas?

—Yo puedo pagarles los gastos médicos.

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