Helena sintió una oleada de triunfo al ver que había captado la atención de los presentes.
Lourdes y Tatiana se acercaron de inmediato al escuchar el alboroto.
Habían captado claramente la última frase de Helena y sabían que, si no manejaban la situación rápido, la reputación de Cecilia podría verse manchada; los parientes pensarían que era una joven insolente y sin educación.
—Cuñada, baja la voz y hablemos civilizadamente. Con esos gritos y acusando a una chica más joven, cualquiera pensaría que intentas poner a toda la familia en contra de Ceci —intervino Tatiana, quien no tenía tantas reservas como Lourdes y solía ser mucho más directa.
Efectivamente, al ver la actitud firme de Tatiana, Helena sintió un atisbo de intimidación.
Pero su orgullo pudo más y se mantuvo a la defensiva.
—¡Yo no quiero acusar a nadie! Pero miren lo que acaba de decirme, me sugirió que me divorciara de Jaime. ¿Acaso es esa la forma en que una joven debe hablarle a sus mayores?
—Ya sé que en esta familia me menosprecian, pero que una muchacha venga a decirme que destruya mi matrimonio… ¿Acaso se puede vivir así?
Tatiana miró a Cecilia. Sabía que la joven no era de las que hablaban por hablar ni perdían los modales a la ligera.
¿Qué barbaridad le habría soltado Helena para hacerla reaccionar así?
Cecilia sabía perfectamente que, si se quedaba callada, todo este teatro que Helena estaba armando arruinaría su reputación frente a la familia.
Así que esbozó una sonrisa tranquila.
—¿Por qué no cuenta la historia completa, tía Helena? ¿Por qué no dice que empezó a quejarse de su miserable vida con los Ortega y admitió abiertamente la envidia que le tiene a la tía Lourdes y a la tía Tatiana por vivir mejor que usted?
—Pensé que, si mi tío Jaime ya no está a la altura de sus altísimas exigencias, lo más lógico sería que buscara un mejor postor.
—Viendo lo perfecta y exigente que es, a lo mejor hasta le vendría bien casarse con un rey.
—¡Eso es mentira! ¿Cuándo dije yo semejante barbaridad? —Helena intentó negarlo todo con descaro.
Cecilia estaba a punto de responder, pero fue Aurora quien dio un paso al frente.
—Es verdad. Mi mamá dijo todo eso. Ceci solo me estaba defendiendo.
La confesión de Aurora dejó a Helena temblando de rabia.
Jamás esperó que su propia hija le diera la espalda delante de todos.
Le lanzó una mirada cargada de furia a Aurora.

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