Con un asentimiento de cabeza, Regina y Carla comenzaron a relatarle a Rayan todo lo que había sucedido en la universidad.
No esperaban que a Cecilia le pasara algo tan rápido.
¿Y dónde estaban sus guardaespaldas? ¿Estaban de adorno?
El rostro de Rayan se ensombreció, pero de todos modos les agradeció a las tres chicas.
Se marchó a toda prisa, mientras marcaba el número de un amigo en Viento Claro.
Teresa y las demás se quedaron mirándose las caras.
—¿Creen que de verdad sea el primo de Cecilia?
—No sé si sea su primo, pero está guapísimo.
—Sea quien sea, se veía muy preocupado. Nosotras no le dimos ninguna información confidencial, así que nadie vendrá a buscarnos problemas, ¿verdad?
—Si de verdad es su primo hermano, me pregunto si tendrá novia.
La que lanzó esa pregunta fue Regina.
Antes no soportaba a Cecilia, pero si lograba que el primo fuera su novio, ¡estaba dispuesta a ser la mejor amiga de Cecilia de forma unilateral!
Carla le rompió la burbuja sin piedad.
—Olvídalo. No somos cercanas a Cecilia, de hecho, nos llevamos mal.
Las tres habían esparcido rumores sobre Cecilia, y sabían que ella estaba al tanto de sus chismes a sus espaldas.
Así que, lo miraran por donde lo miraran, no había forma de que Regina terminara siendo su cuñada política.
—Además, ese tipo se ve mucho mayor. Nosotras apenas estamos en la universidad, la diferencia de edad es demasiada —opinó Teresa.
Como a Teresa le gustaba Elías Acosta, se mantenía muy racional.
Regina torció la boca. Para ella, la edad no era un problema.
Un hombre mayor sabía cómo consentir a una mujer.
Además, era el primo de Cecilia, ¡no su papá!
Cuando Rayan llegó a la zona del hospital, Agustín ya había entrado.
No tuvo más remedio que quedarse observando desde el perímetro.
—Rayan, es mejor que no entres. Aunque no confíes en mi novia, al menos confía en Cristhian Lara. Es un tipo muy duro.
En efecto, el amigo al que Rayan había contactado era Horacio Heredia.
Esos dos, que parecían no tener nada en común, en realidad eran grandes amigos.

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