El absoluto silencio de Tiago ya le daba a Vanessa un muy mal presentimiento.
—¡Cinco millones!
La voz de Carlos sonó fría y pausada.
—¿Qué? ¿Cinco millones?
Vanessa pegó un grito. ¡Eso era un robo a mano armada!
Se suponía que un pase por la frontera costaba entre cincuenta y cien mil, máximo doscientos mil.
Pero como eran de Estrellonia, este usurero les había cobrado quinientos mil por cabeza.
Ya era una cifra astronómica.
¡Y ahora le exigía cinco millones de golpe!
¡Ni siquiera ella tenía esa cantidad de dinero a la mano!
No es que la organización la tratara mal.
Sino que su bono retenido solo se le entregaría cuando se retirara exitosamente y regresara a su país.
Era la estrategia perfecta de la Organización Amanecer para evitar que sus talentos entrenados los traicionaran.
Vanessa no tenía problemas con eso. Nunca se le había cruzado por la cabeza desertar.
Nadie era más leal que ella.
Los miembros de Amanecer eran entrenados desde niños, y a la mayoría les lavaban el cerebro con un éxito rotundo.
Solo unos cuantos prodigios lograban ser la excepción a esa regla.
—¿Cinco millones no debería ser poco para ustedes?
Al ver la cara de horror de la mujer, Carlos no se inmutó.
Desde su perspectiva, el precio era más que justo.
Si estos extranjeros querían robarse a una doctora brillante de Mirasia, ¿no debían pagar un precio alto?
—Para nosotros cinco millones no es tanto, ¡pero eso no justifica que nos quiera exprimir de esta forma!
La Organización Amanecer nadaba en dinero, y el presupuesto para este objetivo era enorme.
Pero nadie quiere ser tomado por idiota.
—Si no pueden sacar cinco millones, olvídense del pase —Carlos la miró con desdén.
—Ella es un genio de nuestro país, así que su salida es un lujo.
—O pagan, o la chica se queda.
Obviamente, Carlos prefería que Cecilia se quedara.
El conductor estaba arrestado, su coartada destruida, ¡las pérdidas eran catastróficas!
—Señor Carlos, todos dicen que usted es el hombre más confiable de estos rumbos.
—¡No puede hacernos esto!
Carlos suspiró.
—Todo el mundo sabe que yo cumplo mi palabra. Por eso no les voy a impedir el paso a ustedes.
—Sus pases ya están listos.
—Pero están pidiendo cruzar a alguien de último minuto, y eso no lo puedo permitir. Lo siento.
Él no iba a entregar a la chica a sus enemigos, pero estaba seguro de que la policía vendría a buscarla.
Así que no le preocupaba en absoluto que su reputación se viera afectada.
En Mirasia, ¿quién se atrevería a desafiar directamente a la policía?
Incluso si alguien tuviera el poder para hacerlo, no sería tan estúpido como para intentarlo de frente.
Vanessa se dio cuenta de que este hombre hablaba en serio.
Desesperada, miró a Santino.
—¡Di algo, tú!

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