—Ustedes no lo saben, pero a Rayan le encanta el cerdo agridulce que yo preparo.
Al ver la cara de orgullo del cocinero, Cecilia respondió por inercia:
—¿De verdad? ¡Voy a llamarlo para preguntarle!
El hombre la miró conmocionado.
—Muchacha, ¿conoces a Rayan?
—¿Es tan raro conocerlo? Soy su prima lejana, ambos somos de apellido Ortiz —dijo Cecilia, desconcertada.
Cecilia miró a Samuel, esperando que su primo mayor le ayudara a entender la situación.
Samuel, por su parte, notó de inmediato el nerviosismo del cocinero.
El hombre se frotó la nariz.
—No es raro. Con razón son primos, por eso ambos son tan guapos. Bueno, tengo agua hirviendo en el fuego, así que los dejo.
Originalmente, al encontrarse con un grupo de compatriotas que parecían relajados, el cocinero tenía muchas ganas de charlar, pero ahora todo se había arruinado.
Cecilia miró al hombre huir y luego se volvió hacia Samuel.
—¿Acaso es un delito conocer a Rayan? ¿Por qué parece que el señor huye de nosotros? Además, ¿no se supone que él es un conocido cercano de Rayan?
—Porque a Rayan no le gusta para nada el cerdo agridulce —respondió Samuel.
Sorprendentemente, él también conocía bien a su primo. Resultaba que cuando Rayan iba a Luminosa, solía comer con él. En una ocasión, mientras compartían mesa, Rayan se había quejado del cerdo agridulce que preparaba este cocinero.
El plato en sí era delicioso, pero a Rayan le parecía que la textura era extraña, simplemente no le gustaba. Además, el cerdo agridulce tradicional tenía ese característico sabor dulce y avinagrado, precisamente el sabor que Rayan más detestaba. Ni siquiera soportaba el repollo preparado de esa forma. Rayan incluso consideraba a las personas a las que les gustaba lo agridulce como bichos raros.
Sin embargo, lo irónico era que adoraba las costillas agridulces, siempre y cuando estuvieran preparadas con la receta auténtica y no con salsa de tomate.
—¡Absolutamente no! ¿Por quién me tomas? Es que me he fijado en Lupe, la mujer que sirve la comida.
Cecilia se quedó sin palabras. *¿Acaso eso no es más difícil que pedir un aumento?*
—El problema es, ¿esa señora Lupe se ha fijado en usted? De nada sirve que a usted le guste si no es mutuo.
—Claro que sí, todos los días come mis platos con una sonrisa. Además, como ambos somos de Mirasia, tenemos mucho en común.
*¿Y para eso necesita la aprobación de la alta gerencia?*
Cecilia no lograba comprenderlo, pero estaba asombrada. Nunca imaginó que trabajar en una mina en el extranjero implicara un control tan estricto sobre el romance.
El cocinero entendió perfectamente la expresión de Cecilia y se apresuró a explicar.
—Ay, no es así. Es que el hijo de Lupe trabaja junto a Rayan. Ella misma me dijo que, si su hijo no lo aprueba, lo nuestro no tiene futuro.

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