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Cecilia: De rechazada a soberana romance Capítulo 1709

Sin embargo, apenas habían avanzado unos metros cuando los obligaron a detenerse.

Nadie sabía cómo el señor Ramírez se había enterado de que los amigos de Rayan eran doctores provenientes de Mirasia. Escuchó que eran un abuelo y su nieta, herederos de una prestigiosa familia médica con habilidades extraordinarias.

Aunque desconfiaba profundamente de que la medicina tradicional pudiera ayudar a su nieto, su desesperación lo empujaba a aferrarse a cualquier esperanza.

El hombre de máxima confianza del señor Ramírez fue a interceptarlos en persona.

—Efrén, escuché que los invitados de Rayan son doctores. ¿Por qué no nos avisaste? Ya sabes que nuestro jefe no puede ni dormir ni comer por la angustia de su nieto.

Efrén forzó una sonrisa.

—No es que no quisiera decirles. Es que los doctores tienen prisa. Además, ya les pregunté y me dijeron que no tienen muchas garantías con el problema del joven Ramírez.

Efrén fue muy diplomático, hablando de manera que no ofendiera a nadie ni dejara espacio para que le reclamaran.

—Tengan garantías o no, primero tienen que revisar al paciente.

El hombre mantuvo una sonrisa, pero su tono seguía siendo igual de firme y autoritario.

Era evidente que, cuando se trataba de su nieto, el señor Ramírez no aceptaba un no por respuesta, e incluso el respeto que le tenían a Rayan pasaba a un segundo plano.

Efrén, sin saber qué hacer, miró a Cecilia en busca de ayuda.

—No crea que le estoy dando largas. Hago esta propuesta porque, como profesional, debo ser rigurosa y pensar en lo mejor para el paciente. Claro, también pueden obligarnos a tratarlo aquí y ahora, pero con las limitaciones de equipo y sin la posibilidad de consultar con otros especialistas, sería imprudente. Escuché que su condición es muy delicada; si no podemos curarlo de inmediato, tendremos que prepararnos para un tratamiento a largo plazo. Somos médicos y también investigadores, no podemos quedarnos atrapados aquí por tanto tiempo. Por favor, pídale al señor Ramírez que considere mi oferta.

Cecilia habló con tanta propiedad que Bautista tuvo que admitir que no entendía la mitad de los términos. Decidió llamar directamente al señor Ramírez y le pidió a Cecilia que repitiera su propuesta al teléfono.

El señor Ramírez estaba acompañado de su propio médico, por lo que no tuvo que descifrar la veracidad de las palabras de Cecilia; su médico lo haría por él.

—Lo que dice la doctora es cierto —susurró el médico al señor Ramírez—. Pero la medicina de Mirasia siempre ha estado por debajo de la de Barataria o Estrellonia. Si va a enviar al niño al extranjero, le recomendaría Barataria.

El médico dijo eso, sabiendo perfectamente que el señor Ramírez ya se había ganado el odio de los doctores de ese país. Era un milagro si alguien allá aceptaba al chico; cualquier cirujano de renombre preferiría no acercarse a ellos ni por todo el oro del mundo.

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