—Primero háblalo con tu familia, para ver si quieren seguir mi plan de tratamiento.
—Tengo otras cosas que hacer, así que me retiro por hoy.
Cecilia no era de las que perdían el tiempo, y mucho menos quería lidiar con Amaya.
Esa chica ya había cruzado la línea y se había llevado una bofetada.
Si no aprendía la lección, Cecilia simplemente se negaría a aceptar a Yonatan como paciente.
Sin embargo, le parecía que los motivos de Amaya eran bastante sospechosos.
Daba la impresión de que no quería que Yonatan recibiera un buen tratamiento.
Esa era la percepción de Cecilia, y no se debía solo a que Amaya hubiera intentado evitar que lo revisara.
Lo principal era que su reacción había sido demasiado extraña.
—Ceci, tengo otras cosas que hacer, así que no te acompañaré de regreso.
Aurora asintió y se puso de pie.
—Yonatan, yo también me despido.
Yonatan necesitaba hablar con su familia y aún tenía que lidiar con Amaya allá afuera, así que no intentó retenerlas.
—De acuerdo. Siento mucho lo de hoy... Aurora, gracias por venir a verme y por traer a una doctora.
—Puedo notar que Cecilia tiene grandes habilidades médicas. De todas formas, se lo comentaré a mi familia. Y además...
Yonatan también se sentía impotente.
Tenía que resolver el asunto con Amaya de una vez por todas.
—De verdad, no tengo ningún compromiso con ella. Siempre ha sido algo que ella se inventó sola, mi familia nunca aceptó.
—Yonatan, esos son tus asuntos y no tienen nada que ver con Aurora, no necesitas darle explicaciones —intervino Guillermo.
Tenía miedo de que el roce diario entre los compañeros de baile terminara encendiendo una chispa.
Antes se alegraba de que Yonatan tuviera prometida, pero ahora estaba en alerta.
¿Acaso Yonatan también le había echado el ojo a Aurora?
—Yo... —Yonatan decidió ignorar a Guillermo y solo miró a Aurora.
Ambos eran hombres, ¿cómo no iban a entenderse?
Aurora también consideraba que eso no era problema suyo.
Por eso había empezado a coquetear de nuevo.
—Claro —aceptó Aurora.
Después de todo, era solo una comida, y no podía rechazar a un viejo amigo.
Afuera, Amaya vio a los dos salir de la habitación y levantó su teléfono, orgullosa.
—¿Por qué salen solos? ¿Dónde está Cecilia?
—Doña Bárbara fue muy clara: no confía en médicos jóvenes porque no tienen experiencia.
—Así que no pierdan su tiempo. Yonatan no será el conejillo de indias de nadie.
La buena educación de Aurora le impidió poner los ojos en blanco, pero en su mente la llamó loca.
—Nadie está usando a Yonatan como conejillo de indias. Si no quiere el tratamiento, allá él. Mi amiga está muy ocupada y de por sí apenas tiene tiempo libre.
Aurora se arrepentía de haber tenido tan buenas intenciones.
Empujó la silla de ruedas de Guillermo y se alejó.
¿Y el guardaespaldas de Guillermo?

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