—No te reprocho nada, solo querías marcar distancia y yo también prefiero que sea así.
Cecilia sentía una profunda aversión en el fondo de su corazón.
—¿Quién quiere marcar distancia? ¿Quieres cortar toda relación con la familia Ortiz? —La expresión de Héctor cambió drásticamente.
Cecilia frunció el ceño:
—¿No es eso exactamente lo que querían?
—¿Por qué te pones tan dramática?
Cecilia no estaba dispuesta a tolerar a Héctor.
Héctor estuvo a punto de soltar una maldición del coraje, pero al ser un día festivo, se contuvo.
—Cecilia, la razón por la que te mandé a la casa de campo fue solo para que Delfi se sintiera más cómoda, después de todo, ella acababa de regresar a la familia Ortiz. No se trataba de cortar lazos contigo para siempre. Estoy seguro de que todos en la familia Ortiz te tienen cariño. No guardes rencor contra tu familia solo porque no te llevas bien con Delfi.
Cecilia lo miró con una sonrisa sarcástica:
—¿Tienes el descaro de decir eso?
Le puso el regalo de vuelta en las manos a Héctor.
—Mejor quédatelo para tu hermana de sangre.
Cecilia no tenía ninguna intención de ser amable con Héctor y se marchó sin miramientos.
Héctor se quedó plantado, mirando con el rostro sombrío la dirección en la que Cecilia se alejaba, con una mirada profunda y oscura.
—¿Hermano? —Delfina salió a buscarlo por orden de Ivana.
Lo encontró y le dio unas palmaditas en la espalda.
Héctor se dio la vuelta con el regalo en la mano, y su expresión ya se había suavizado.
—Delfi, ¿qué pasa?
—Mamá me pidió que viniera a buscarte. ¿Por qué no entras? Hace frío afuera.
La mirada de Delfina cayó sobre la caja en las manos de Héctor.
Héctor le pasó el regalo a su hermana casi por inercia.
—¿Es para mí? —preguntó Delfina con sorpresa.
—Ábrelo a ver si te gusta —Héctor no lo admitió, pero tampoco lo negó.
—No, me la regaló mi hermano.
Delfina miró hacia atrás; Héctor acababa de entrar.
Ivana se sorprendió un poco:
—¿No habías preparado ya un regalo para Delfi y lo dejaste en su cuarto?
La sonrisa de Delfina se tensó.
Héctor explicó:
—Vi que esta pulsera estaba bonita y era el modelo nuevo, así que le compré otra a Delfi. En todos estos años no hemos estado en su vida, así que darle dos regalos no es demasiado.
La explicación de Héctor sonaba razonable.
—Héctor tiene razón, no lo pensé bien —reaccionó Ivana—. Parece que este año tus regalos deberían ser dobles. Mañana vamos de compras para conseguirte más ropa y joyas.
Delfina sintió el cariño de su madre y su hermano, y se le llenó el corazón de dulzura, olvidando por un momento preguntarse si esa pulsera que su hermano le acababa de dar realmente había sido comprada para ella.
—Tu hermano te dejó otro regalo en el cajón de tu buró, ve a verlo —le recordó Ivana antes de que su hija dijera algo más.

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