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Cecilia: De rechazada a soberana romance Capítulo 611

—No hay problema, coman todo lo que quieran. Consideré que tres personas no podrían terminárselo todo, así que controlé las porciones de cada plato.

Raúl no era tonto y tampoco le gustaba desperdiciar comida.

Ante la mesa llena de platillos, Cecilia tomó una foto primero y la subió a Instagram.

Tenía muchos amigos agregados, y en poco tiempo no daba abasto con los «me gusta».

Josefina la llamó directamente:

—Cecilia, ¿dónde estás comiendo? ¿Por qué no me invitaste?

—En casa de mi tío Raúl —respondió Cecilia.

—¿Hay algo en casa de tu tío que me impida ir? ¡Voy para allá ahora mismo en el coche! —Josefina no tenía ni pizca de vergüenza.

—A mí no me importa que vengas, pero...

Si Cecilia no escuchaba mal, ya se oían los gritos de Wilma Ortiz al otro lado de la línea.

—Olvídalo, no voy. Mi mamá me está llamando.

—Avísame la próxima vez.

—Yo también quiero probar la comida de tu tío.

—Ah, por cierto, ¿sabes cuántos puntos sacó Delfina en el examen?

Cecilia aún no había escuchado nada al respecto, pero probablemente lo sabría mañana. Todos tenían que ir a la escuela.

—No sé, ¿por qué? —En realidad, a Cecilia no le interesaban mucho las calificaciones de Delfina.

Lo que Delfina sacara no tenía nada que ver con ella.

—Escuché que le fue fatal. Mi tía está que echa humo. Cuando mi mamá la llamó para darle las buenas noticias, le preguntó de paso por la puntuación de Delfina, y mi tía ni siquiera quiso decirlo.

—Solo dijo que a Delfina no le fue bien y que tal vez tenga que recursar el año.

—Supongo que reprobó o sacó muy poco.

Josefina, por lo menos, había pasado de panzazo. Wilma no tenía esperanzas puestas en su hija; incluso habría aceptado que fuera a una universidad patito.

Pero quién lo diría, los resultados de Josefina superaron las expectativas.

Para Ivana, aunque su hija no se comparara con Cecilia, no podía ser tan desastrosa.

Aunque no entrara a la mejor universidad, debería poder aspirar a una escuela decente, ¿no?

Pero la realidad le había dado una bofetada en la cara.

—No lo sé... —Delfina ya estaba llorando—. Mamá, perdón.

Antes, a Ivana le dolía verla llorar, pero ahora solo sentía irritación.

—¿Qué te pasa? Antes de cambiarte al Instituto Internacional Horizonte, tus notas eran decentes. ¿Por qué ahora vas de mal en peor?

—La colegiatura del Instituto es muchísimo más cara que la de cualquier escuela normal, y sus profesores son los mejores de todo Villa Solana.

—Sin mencionar que te contraté tutores particulares para cada materia. ¿Cómo es posible que tus resultados sean un desastre?

Ivana no lo entendía.

Con cada frase que decía, Delfina lloraba con más fuerza.

Como si la que hubiera reprobado fuera Ivana y no ella.

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