Él y su padre andaban como locos, tapando un hoyo para destapar otro, todo por falta de liquidez.
Habían invertido demasiado dinero en el proyecto del oeste de la ciudad. Con este incidente, el retorno de inversión se había congelado y la empresa estaba a punto de colapsar.
Al escuchar la versión de Héctor, Cecilia supo que había demasiadas coincidencias.
Las demoliciones siempre son problemáticas. ¿Acaso la familia Ortiz no puso a alguien de confianza a supervisar?
Eso era trabajo para gente muy leal.
Ahora que había pasado la desgracia, el encargado no podría asumir la responsabilidad real; todo caería sobre los Ortiz.
—Cuando pasó eso, debieron haber ofrecido una indemnización generosa de inmediato. Si hubieran calmado a la familia, no habrían ido a hacer escándalo a la empresa —dijo Cecilia, sin entender la torpeza.
—En cuanto nos enteramos, fuimos para allá. El señor Gallegos fue el primero en llegar.
—Vieron la situación y aceptaron pagar, pero la otra parte se quiso pasar de lista pidiendo las perlas de la virgen.
—Primero querían dos millones, luego cinco. Si seguíamos cediendo, no iba a tener fin.
Héctor tenía un punto. Una cosa es indemnizar y otra dejarse extorsionar.
—Esa familia tiene malas intenciones, y alguien más está aprovechando el río revuelto. Se unieron con otros vecinos que no querían vender para subir el precio de la demolición.
—Podríamos juntar dinero para pagarle a esa familia porque el anciano murió, pero si todos los demás quieren que se les duplique el pago, ni la familia Ortiz ni los Gallegos tienen capital para eso.
Ya se habían endeudado con el banco para comprar el terreno; pedir más crédito ahora era casi imposible.
—Si siguen así, la familia Ortiz se va a ir a pique —comentó Cecilia objetivamente. El proyecto del oeste era demasiado grande.
No era un proyecto que los Ortiz y los Gallegos pudieran sacar solos.
Pero la ambición les ganó. Solo vieron las ganancias y no los riesgos.
Julen sonrió levemente:
—No necesariamente. Si la alianza se hubiera concretado, nosotros habríamos intervenido y probablemente esto no habría pasado.
—Simplemente, a los Ortiz y a los Gallegos les faltó colmillo.
Si la familia Peralta hubiera querido ese proyecto, habría arriesgado gran parte de su fortuna, involucrado a la familia de su esposa y buscado socios sólidos.
Pero los Ortiz fueron unos insensatos al creer que podían comerse el pastel solos junto con los Gallegos.
En el fondo, Julen sentía que todo el asunto olía mal. Parecía que alguien se la tenía jurada a los Ortiz y había preparado la trampa con antelación.
—Bueno, qué bueno que Dani no quiso a Héctor. Nuestra familia no se va a meter en esa bronca.
De pronto, Julen cambió de tema.

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