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Cecilia: De rechazada a soberana romance Capítulo 674

—¡Qué tontería! —Paloma miró furiosa a su hijo mayor.

—¡Te volviste loco! Quieres aprovecharte de la herencia que le dejó una anciana a su nieta.

—Arturo, ¿acaso esos fueron los valores que te enseñé?

Arturo se quedó sin palabras.

Quería reprocharle que, cuando era niño, sus padres siempre estaban ocupados en sus propios asuntos y casi no tenían tiempo para educarlo.

Pero luego recordó que, en cada día de descanso, su madre se dedicaba en cuerpo y alma a estar con él y con Thiago.

Sí los había educado, pero la honestidad y la rectitud pasaban a segundo plano cuando se trataba de salvar el negocio familiar.

—Mamá, de verdad ya no hay más opciones.

—Si usted me bloquea esta salida y la otra, vamos a ir directo a la ruina.

Arturo estaba a punto de suplicarle para que se apiadara de él.

Paloma entendía lo difícil de la situación de su hijo.

—Aún queda una última salida, ¿no?

Paloma se lo recordó. Ellos no habían nacido en cuna de oro. Si pasaban de tener toda la riqueza a tener solo la mitad, o incluso un tercio, ¿qué tenía de inaceptable?

—¿Qué salida? —preguntó Thiago, adelantándose a su hermano.

Arturo lo miró con cara de que era un ingenuo.

Él no se atrevía a subestimar a su propia madre.

Paloma sonrió:

—Cortar por lo sano. Tendrían que sacrificar algunas cosas, el problema es si ustedes dos tienen la determinación suficiente para volver a levantarse.

Arturo se quedó mudo, y Thiago hizo lo mismo.

Thiago claro que quería recuperarse, pero para eso se necesitaba habilidad.

Él era bastante mediocre, el bueno para los negocios era su hermano.

Sin embargo, lo conocía bien; si Arturo dejaba ir el proyecto de la zona oeste en ese punto, sería como echar todo el dinero a la basura. Y eso, sin duda, Arturo no estaba dispuesto a hacerlo.

Paloma lo sabía; a su hijo mayor no le iba a gustar la idea.

—Si no estás dispuesto, la empresa va a quebrar. Piénsalo bien.

Arturo se quedó sin saber qué responder. «Qué mala suerte me cargo», pensó con amargura.

Después del regaño que le acomodaron a Arturo, la única que disfrutó la cena fue Josefina.

Tras terminar de comer, Paloma no mostró intenciones de pasar la noche ahí.

Aunque Ivana ya le había ordenado al personal que le arreglara una habitación, Paloma se negó secamente.

—Si pueden seguir juntos y en paz, adelante. Pero si la empresa no aguanta... y quieres divorciarte de mi hijo, tienes todo mi apoyo.

Le soltó Paloma a Ivana, de la nada.

Ivana se quedó de piedra:

—¿Pero qué cosas dice, suegra? Yo obvio quiero seguir mi vida tranquila con Arturo.

Paloma mantuvo su expresión serena.

—Ivana, ya estoy vieja, pero no ciega. Sé perfectamente cuando una mujer no tiene el corazón puesto en un hombre.

—Nadie sabe mejor que tú misma qué es lo que has valorado todos estos años.

—A veces, intentar engañarte a ti misma termina siendo el peor error que puedes cometer.

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