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Cuando al fin ella se rindió, él se enamoró romance Capítulo 646

Pero ya tenía la respuesta en su corazón. César tomó la mano de Celia y habló con voz un poco roca:

—El llamado linaje e identidad no son más que unos estándares definidos. No tienen por qué ser válidos para todos. No puedo indagar demasiado en los asuntos de los Rojas. Pero Miguel ha tomado una decisión. Habrá que ver si tu abuelo cederá por su hijo o si se mantendrá así de terco. Ahora solo nos queda esperar.

Celia lo miró fijamente, entrecerrando los ojos.

—Siempre estás tan al tanto de los asuntos de los Rojas. ¿Y ahora me dices que no debes indagarlos?

Él soltó una carcajada contenida.

—No puedo estar al tanto de todo. —Hizo una breve pausa y añadió—: Excepto de ti.

Ella retiró la mano y se la cruzó sobre el pecho.

—Mira estas palabras dulces. No me extraña que hayas logrado embaucar a mi papá. Ahora él ya parece otra persona, ¿eh?

César se inclinó un poco hacia ella, sonriendo con ternura.

—Así, seguiré esforzándome.

***

En la urbanización Lavándula Violeta, el silencio se apoderó del salón enorme de la villa. Solo la tenue luz de la lámpara de araña proyectaba tenues destellos sobre el pulido suelo de mármol, como el agua sobre un espejo.

Sonia estaba sentada en el sofá. Se había acostumbrado a brillar en la pantalla, pero, en ese momento, frente a Ferlín, no podía evitar sentirse nerviosa. Sin embargo, se mantuvo digna, sin humillarse.

—Me alegra que haya venido en persona. Al menos así ha podido conocer a Thiago.

Ferlín acariciaba el bastón en sus manos. Su mirada se posó en el muchacho, que resolvía ejercicios de matemáticas en su cuarto. El jovencito, con la espalda recta, estaba absorto en su tarea, sin distraerse ni un momento. En una vitrina del salón se alineaban numerosas placas y trofeos que había obtenido en la escuela.

El anciano retiró la mirada con calma y echó un vistazo a la taza de café sobre la mesa, intacta.

—¡Papá!

El muchacho no se percató de la tensión en el ambiente, tampoco sabía que ese anciano que visitaba a su mamá era su abuelo. Creía que era un conocido o un director que invitaba a su mamá a una película.

Miguel lo vio acercarse y se interpuso instintivamente, protegiéndolo con su cuerpo. Miró a Ferlín, conteniendo su ira.

—Si tiene algún rencor, venga contra mí. No los acose a ellos.

Ferlín se levantó lentamente. Observó a Miguel y luego, con parsimonia, posó su mirada en el muchacho que, lo miraba con curiosidad detrás de su padre. En sus ojos claros y firmes, se adivinaba la sombra de Miguel en su juventud.

Calló un momento. Con un tono de voz inescrutable, le preguntó a Miguel:

—¿Qué, temes que les haga algo?

—¿Acaso no lo haría? —Miguel sostuvo su mirada—. Usted siempre ha actuado así.

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