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Cuando al fin ella se rindió, él se enamoró romance Capítulo 691

—¿Te encuentras bien?

La preocupación genuina de Celia hizo que Alicia se tensara. Desvió la mirada de inmediato y apretó los labios, conteniendo sus emociones.

—Muchas gracias, estoy bien.

—No lo digo con ninguna mala intención. —Celia se encogió de hombros con un gesto de resignación—. Para serte sincera, tampoco vine al restaurante con el propósito de buscarte problemas. Fue una simple casualidad encontrarme a Rocío aquí y descubrir que también estabas aquí.

Alicia levantó la mirada con cautela hacia Celia. Desde esa noche en la gala benéfica, cuando la vio en persona por primera vez, comprendió de inmediato la turbia razón por la cual Alfredo la obligaba a maquillarse de esa manera tan específica y que intentará acercarse a César.

Aunque nada de lo que hacía era por voluntad, no podía evitar sentir que, de algún modo, se estaba entrometiendo en una vida que no le pertenecía. Por eso, al encontrarse cara a cara con Celia, la invadió una profunda culpa que le impedía sostenerle la mirada.

Celia sacó una pequeña libreta de su bolso, anotó una dirección junto a un número en una hoja, luego la arrancó y se la extendió.

—Si en algún momento te encuentras en una situación difícil y necesitas ayuda, no dudes en llamarme. Puedes considerarme una amiga.

Alicia tomó la hoja entre sus manos y lo contempló en silencio durante unos segundos. Finalmente, un tanto aturdida por la amabilidad, asintió suavemente con la cabeza y entró al elevador en cuanto se abrieron las puertas.

Celia regresó a la mesa, donde Carlos ya había terminado de comer. Ella iba a solicitar la cuenta, mientras él la miraba con curiosidad.

—No me digas que fuiste a buscar a Rocío —dijo, mirándola fijamente.

—¿Y por qué tendría que ir a buscarla? —Celia le hizo un gesto al mesero.

Carlos se encogió los hombros. En cuanto terminaron de pagar, Carlos le solicitó al empleado que le expidiera una factura fiscal. Al verlo, Celia no pudo evitar reírse.

—Te invito a cenar para celebrar tu libertad, ¿y lo primero que haces es pedir una factura para que te la reembolsen en la oficina?

—Tu dinero no cae del cielo, ¿vale? Además, trabajo duro para la empresa. No le veo nada de malo a que la compañía me cubra los gastos de una cena —argumentó él.

Celia se limitó a sonreír en silencio.

Poco después, ambos llegaron a la casa. Al abrir la puerta principal, se encontraron con César y Tomás conversando en medio del patio. El abrigo oscuro de César ondeaba bajo el gélido viento nocturno y el frío de la intemperie parecía habérsele colado hasta las entrañas. Al escuchar el rechinar de la puerta, él levantó la cabeza y sus ojos se posaron de inmediato en la cara de Celia.

Tomás, al percatarse de la llegada de los hermanos, se aproximó a Carlos con entusiasmo y le rodeó el cuello con el brazo de un tirón.

—¡Amigo, por fin saliste! Vamos adentro, que tengo un sinfín de cosas que contarte.

—Oye… ¿desde cuándo somos tan amigos? ¡No me empujes! Espera, mi hermana… —protestó Carlos, sin entender.

Capítulo 691 1

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