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Cuando al fin ella se rindió, él se enamoró romance Capítulo 692

Alicia escondió a toda prisa la nota dentro de un joyero, se puso una chaqueta ligera y abrió la puerta principal con extrema cautela.

Sin embargo, no llegó a abrirla por completo. Antes de que pudiera percatarse bien de la situación, un hombre irrumpió en el departamento de un empujón. Apestaba a alcohol y caminaba de forma errática, tambaleándose, al grado de hacer caer un jarrón decorativo que adornaba el mueble del recibidor.

Alicia retrocedió unos pasos asustada, mirándolo con absoluto desconcierto.

—¿Señor… señor Suárez…?

Alfredo hizo un esfuerzo por recomponer su postura y comenzó a desabrocharse los primeros botones de la camisa con torpeza.

—Te he repetido mil veces que me llames por mi nombre.

Levantó la cabeza y clavó sus ojos en ella. No obstante, por como la miraba, daba la vaga impresión de que, a través de su silueta, estuviera contemplando a alguien más. Alicia, presa de los nervios, se humedeció los labios resecos.

—Ya es muy tarde. ¿Por qué viniste? Voy… voy a servirle un poco de agua.

Se dio la vuelta en dirección a la cocina mientras de reojo veía cómo Alfredo se dejaba caer de mala gana sobre el sofá. Al sostener la jarra, las manos le temblaban incontrolablemente mientras servía el agua.

Ella no era tan ingenua como para creer que Alfredo albergaba algún tipo de sentimiento genuino hacia su persona. Sin embargo, como cualquier muchacha que se encuentra a solas con un hombre en mitad de la noche, le resultaba imposible no albergar ciertos temores comprensibles, más aun tratándose de un hombre bajo los efectos del alcohol. En una situación así, más valía prevenir cualquier peligro.

Alicia tomó aire profundamente para intentar llenarse de valor y su mirada se posó en unas tijeras que descansaban sobre la barra de la cocina. Colocó el vaso de agua sobre la mesa de centro y tomó de inmediato una distancia razonable.

Alfredo ya se había despojado del saco y se encontraba reclinado en el respaldo del sofá. Ignoró el vaso de agua y la miró. Bajo la tenue luz, el perfil de Alicia pareció superponerse con el de otra persona en su mente.

—Celia… —articuló Alfredo con una sonrisa amarga y cargada de sarcasmo—. Si no hubiera pasado todo ese desastre en el pasado, habríamos podido seguir siendo buenos amigos, ¿verdad?

Alicia no se atrevió a emitir una sola palabra. De pronto, Alfredo se incorporó de un salto y le sujetó la muñeca con demasiada fuerza.

—¡Responde! —exclamó.

Alicia, pálida por el susto, tiró de su brazo desesperadamente intentando zafarse del agarre.

—Señor Suárez, por favor, suélteme, se está equivocando de persona…

—¡Te dije que me respondas! —Él apretó los dedos con más saña, al punto de lastimarla.

Alicia, abrumada por el dolor, solo atinó a balbucear con voz temblorosa:

—Sí… por supuesto que seríamos amigos.

Al escuchar sus palabras, Alfredo soltó una carcajada estridente y tiró de ella hacia sí con brusquedad. El jalón hizo que ella perdiera el equilibrio y cayera hacia delante de rodillas sobre la alfombra, obligada a mirarlo desde abajo.

Capítulo 692 1

Capítulo 692 2

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