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De día mi Jefe cruel, de noche mi Esposo dulce romance Capítulo 100

Emilio soltó a Claudia lentamente.

Puso cara de víctima:

—No me amenaces con denunciarme por acoso a la primera, haces que parezca un depravado.

Claudia dio un paso atrás.

Puso distancia entre ella y Emilio.

Claudia fue directa al grano:

—¿Por qué me buscaste para ser la imagen de la marca? ¿Qué pretendes?

—¿Qué voy a pretender? Solo apoyo la carrera de mi esposa.

Claudia puso una cara muy seria:

—No soy tu esposa. Señor Salazar, compórtese.

La expresión de Emilio también se oscureció un poco.

En el fondo de sus ojos se notaba el cansancio, pero mantenía la sonrisa.

Una sonrisa que buscaba agradar con cautela:

—Claudia, no seas así. No dejo de pensar en ti ni un segundo.

Claudia observó a Emilio.

Había bajado mucho de peso. Su ropa era la del elegante y noble Emilio.

Pero su tono de voz era el de Oscar.

Claudia sintió una mezcla de tristeza y amargura.

¿Acaso ella no lo extrañaba también sin poder evitarlo?

Pero Claudia no iba a permitir caer de nuevo.

—Señor Salazar, ¿tengo que recordárselo? Tiene esposa e hijos. Debería pensar en ellos, no en mí, que solo fui un NPC en su farsa matrimonial.

Emilio dijo:

—Entendiste mal. La mujer que viste en el aeropuerto no es mi esposa, es mi hermana.

Claudia se sorprendió:

—¿Tu hermana? ¿De sangre?

Emilio asintió.

Claudia frunció el ceño.

—Emilio, no tienes que explicarme nada. Lo nuestro ya terminó. Esos tres años los tomo como tiempo perdido a lo menos. No te guardo rencor, pero por favor, no vuelvas a buscarme.

El rostro de Emilio se enfrió un poco.

—Entonces, ¿por qué aceptaste ser la imagen de Grupo Salazar? Claudia, ¿de verdad no sientes nada por mí? ¿No extrañas ni un poco nuestros tres años juntos?

De hecho, cuando Diego le informó que Claudia había aceptado ser la imagen de *Innovación*, se sorprendió bastante.

Es cierto que mandó a Diego para respaldar a Claudia.

Quería advertirles a esos viejos anticuados que Claudia tenía un valor incalculable y que no se atrevieran a intimidarla en el futuro.

Pero pensó que, con el carácter de Claudia, no aceptaría el contrato.

Después de todo, los trescientos mil pesos que dijo que se llevaría, los dejó en el departamento de alquiler; no se llevó ni un centavo.

Claudia respondió:

—No trates de manipularme sentimentalmente, ¡no te queda!

—En cuanto a por qué acepté el contrato... ¡fue porque no quería que Javier renunciara por mi culpa!

La cara de Emilio se heló de golpe:

—¿Lo hiciste por él?

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