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De día mi Jefe cruel, de noche mi Esposo dulce romance Capítulo 106

Todo su cuerpo parecía la última hoja aferrada a una rama, lista para caer en cualquier momento.

Entre la bruma, Claudia creyó escuchar a alguien gritando su nombre.

Esa voz era tan familiar.

Era Oscar Suárez, la persona en la que pensaba día y noche.

Claudia se esforzó por abrir los ojos.

Le pareció ver realmente a Oscar.

Claudia sintió ganas de llorar.

Realmente extrañaba tanto a Oscar que estaba alucinando.

Durante este tiempo, Claudia se sentía mal; no podía aceptar que Oscar fuera ese mentiroso de Emilio.

Así que, cuando el dolor era insoportable, su cerebro separaba automáticamente a Oscar de Emilio.

Al final, Claudia se convenció a sí misma.

Fingiría que su esposo Oscar había muerto.

De esa manera, podría extrañar el pasado abiertamente.

Y ahora, mirando esa silueta borrosa frente a ella.

Escuchando esa voz familiar.

Claudia sintió como si el tiempo hubiera retrocedido.

Qué bueno sería si fuera verdad.

Oscar, te extraño tanto...

Finalmente, Claudia se desmayó en el abrazo que más anhelaba.

En el momento en que cayó, sintió que todo era una ilusión.

El pasado, el presente, el futuro, todas las personas y todas las cosas, parecían irreales.

Solo la mano que la sostuvo y el calor de su palma eran reales.

Emilio vio a Claudia desmayarse.

Casi perdió el control.

Emilio cargó a Claudia y la llevó a la enfermería de la Universidad de Villamaría.

Tras el diagnóstico, no había nada grave.

Emilio no estaba tranquilo: —¿Por qué no despierta?

—La señorita Chávez solo se durmió del cansancio, ahora está en un sueño profundo.

—¿Entonces qué hacemos con Ramiro?

—Ve y dile al señor Aguirre que haga que Ramiro vaya a correr a la pista de la Universidad de Villamaría. Ahora mismo.

Diego salió, y al poco rato regresó para preguntar.

—El señor Aguirre pregunta cuántas vueltas debe correr Ramiro. ¿Cuarenta vueltas está bien?

Diego pensó que la agencia Estrella Brillante mostraba bastante sinceridad al disculparse.

Ramiro hizo correr a Claudia veinte vueltas, y ellos voluntariamente aceptaron un castigo de cuarenta.

Emilio simplemente soltó una risa fría: —Que corra hasta que necesite una ambulancia.

Diego se sobresaltó.

—Busca un equipo médico y una ambulancia para que lo sigan. Deja que los profesionales juzguen; no vaya a ser que se canse, se tropiece o se maree un poco y lo traigan al hospital antes de tiempo.

Se dice que esa noche.

Ramiro corrió un total de cincuenta y seis vueltas.

Se desmayó varias veces en el proceso, le echaron agua fría para despertarlo y siguió corriendo.

Al final, casi escupiendo los pulmones y con el ritmo cardíaco disparado, la ambulancia lo llevó al hospital.

Su habitación estaba en el mismo edificio y en el mismo piso que la de Claudia.

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