—Por la noche llevaré a Luis a la casa grande —dijo Gabriela—. ¿Quieres venir con nosotros?
Claudia se sorprendió.
—¿A tu madre no le disgusta Luis?
Sabía que la madre de Emilio y Gabriela había regresado y se alojaba en la mansión de los Salazar. Mariana no soportaba al niño, por lo que Gabriela nunca lo llevaba cuando iba de visita.
—Mi padre siempre regresa para la cena de Año Nuevo y honrar a los ancestros. La señora Zulema también estará ahí; ella extraña a Luis. Lo llevo para que la vea a ella.
Mariana podía detestar a Luis, pero el resto de la familia Salazar lo quería, incluido Patricio Salazar. El patriarca había sido un mujeriego en su juventud y tenía una docena de hijos ilegítimos. Lo curioso era que la mayoría de sus hijos no se casaban ni tenían descendencia; algunos vivían la vida loca como él y otros habían cortado lazos. Luis era su único nieto varón. Así que Patricio en realidad le tenía cierto afecto; solía visitarlo en Terraluz de vez en cuando.
—Yo no voy —dijo Claudia—. Vayan ustedes.
Al ver que su mamá no iba, Luis tampoco quiso ir.
—Quiero pasar el Año Nuevo con mamá.
—¿No quieres ver a tu bisabuela? —preguntó Gabriela.
Luis adoraba a su bisabuela casi tanto como a Gabriela. Dudó un momento.
—Solo iremos a cenar. En cuanto terminemos, regresamos. Así podrás recibir el año con tu mamá —prometió Gabriela.


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Los comentarios de los lectores sobre la novela: De día mi Jefe cruel, de noche mi Esposo dulce