Emilio también escuchó el ruido.
Se dio la vuelta.
Al ver que Claudia solo llevaba una camisa delgada, tiró el cigarro que tenía en la mano, entró en la habitación y cerró la puerta.
—¿Despertaste?
Claudia asintió.
—¿Qué hora es?
Emilio miró su reloj de pulsera.
—Cuatro de la madrugada.
Había dormido unas tres horas.
—¿Fuiste tú quien me sacó de la tina? —preguntó Claudia.
—¿Hay alguien más aquí? —respondió Emilio con voz tranquila e indiferente.
Claudia se sonrojó. Al parecer, Emilio también le había ayudado a vestirse.
Él pareció leer sus pensamientos.
—No tienes por qué sentirte avergonzada, todavía no nos hemos divorciado.
Claudia no dijo nada. De todos modos, con la relación que tenían ahora, no era apropiado hablar de esos temas. Así que cambió de conversación directamente.
—Tengo que irme, le dije a Luis que pasaría el Año Nuevo con él.
—A estas horas Luis ya está dormido. Además, ya llamé a tu hermana.
Cierto, ya casi amanecía.
—¿Cómo me encontraste? —preguntó Claudia de nuevo.


VERIFYCAPTCHA_LABEL
Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: De día mi Jefe cruel, de noche mi Esposo dulce