Luciana dijo:
—¿Me puedes dar un abrazo?
Emilio pareció quedarse pasmado un instante.
Pero Luciana sonrió:
—Me has gustado tanto tiempo y ahora voy a renunciar. Pedir un abrazo antes de soltarte no es demasiado, ¿verdad?
La voz de Emilio sonó mucho más relajada:
—¿Solo eso?
Luciana asintió.
Emilio la abrazó suavemente.
Luciana recargó su mejilla en el hombro de él.
Cerró los ojos y se despidió silenciosamente en su corazón.
Finalmente lo soltó.
Luego, ambos cambiaron de tema como si se hubieran puesto de acuerdo.
Empezaron a discutir la condición médica de Luis.
Desde el cuarto piso, Mariana se puso verde del coraje.
—Es un... un inútil, no tiene remedio.
Mariana no esperaba que Luciana solo le pidiera un abrazo a Emilio.
Tampoco esperaba que Luciana se rindiera.
La expresión de Claudia, en cambio, era muy tranquila.
—Bruja vieja, perdiste.
Al ver la expresión tan calmada de Claudia, Mariana estalló:
—¿Ya lo sabías? ¿Sabías lo que iban a decir?
Efectivamente, Claudia ya lo sabía.
Sabía que Luciana no era esa clase de persona.

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