—Por cierto, necesito prepararte un brasier invisible. ¿Qué talla de ropa interior usas?
Claudia tampoco estaba muy segura; Oscar era quien le compraba la ropa interior.
—No estoy muy segura, creo que soy...
—Es talla 32A.
Emilio habló de repente.
Claudia miró a Emilio con asombro, y su cara se puso roja al instante.
Kevin bromeó a su lado:
— Se ve que el marido se sabe bien el camino.
Dicho esto, se fue al vestidor:
—Voy a buscarte ropa, espérenme un momento.
Kevin se fue.
Claudia sintió que el aire se congelaba.
Su cara estaba tan roja que parecía que iba a gotear sangre.
—¿Cóm... cómo sabe?
Claudia sentía tanta vergüenza que quería que se la tragara la tierra.
La expresión de Emilio, sin embargo, no cambió:
—Se nota a simple vista.
Emilio estaba sentado en un sofá no muy lejos.
Claudia cruzó los brazos sobre el pecho al instante:
—¡Es un pervertido!
—¿Quién es un pervertido?
—¿Para qué me anda mirando el pecho?
—No miré, simplemente puedo calcular el volumen a simple vista... las dimensiones de un objeto.
Claudia lo miró como si fuera un depravado.
Emilio comenzó a sentirse incómodo bajo esa mirada.
Tosió un par de veces:
—Además, ¡ni que hubiera mucho que ver!
Claudia sentía que le iba a explotar la cara de lo roja que estaba.
Su pecho subía y bajaba del coraje:
—No estoy plana, no soy A, mi esposo dice que soy talla B.
—Su esposo le miente para cuidar su autoestima.
Claudia estaba furiosa.
¿Cómo podía salir algo tan frío de una boca a 37 grados?
Kevin regresó pronto con el brasier y el vestido.
Claudia tomó la ropa y se metió al probador.
Para su sorpresa, el tamaño del brasier le quedó perfecto.
Realmente era talla A.
Claudia se sintió frustrada.
Emilio y Kevin esperaban afuera.
De repente escucharon un grito de dolor desde adentro.
Kevin preguntó apresuradamente:

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Los comentarios de los lectores sobre la novela: De día mi Jefe cruel, de noche mi Esposo dulce