Ahora que el sueño se había roto, esos trescientos mil pesos ya no tenían significado para ella.
De solo pensar que Oscar usó ese dinero para burlarse de ella y jugar con sus sentimientos, le daban ganas de aventárselos en la cara a Emilio.
Sin embargo, después de salir, Claudia se arrepintió un poco.
Rentó un departamento.
Después de pagar seis meses de renta por adelantado, descubrió que solo le quedaban unos cientos de pesos en la bolsa.
¿Cuánto tiempo podría aguantar con eso?
Lo urgente era encontrar trabajo de inmediato.
Claudia empezó a mandar currículums como loca en sitios de empleo.
Pero la mayoría se iban al limbo.
Algunas empresas la llamaron a entrevista, pero básicamente no hubo seguimiento.
El ambiente laboral actual era así, la economía iba a la baja y mucha gente se peleaba por un buen puesto.
Claudia estaba muy ansiosa.
De repente se dio cuenta de que, en estos tres años, el entorno que Emilio le creó le había hecho perder competitividad.
El trabajo en la televisora era muy relajado, solo organizar algunos archivos; estaba tan aburrida que en su tiempo libre escribía historias en Wattpad.
Claro, nunca tuvo éxito con eso.
Luego se cambió a Grupo Salazar.
Diego le enseñó algunas cosas, pero estuvo muy poco tiempo en la empresa.
Se dio cuenta de que no tenía ningún área en la que fuera experta, ni habilidades destacadas en su currículum.
Claudia estaba algo deprimida.
Era una trabajadora tan común y corriente.
¿Por qué Emilio la habría elegido?
¿Acaso porque era lo suficientemente ordinaria?
Claudia admitía que no lo había superado.
VERIFYCAPTCHA_LABEL
Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: De día mi Jefe cruel, de noche mi Esposo dulce