Claudia se levantó a bañarse.
Al salir de la ducha, recuperó un poco de energía.
Justo cuando iba a acostarse, vio que tenía varios mensajes sin leer en el celular.
Eran de su mejor amiga, Dolores.
Claudia los abrió.
Eran varias fotos.
Y un mensaje de texto de Dolores.
«Hoy fui al aeropuerto a cazar famosos y no vas a creer lo que pesqué.»
La mirada de Claudia se posó en las fotos.
Era una familia de tres.
Un hombre y una mujer llevaban de la mano a un niño pequeño.
El niño traía cubrebocas.
Pero sus ojos eran idénticos a los del hombre.
Se notaba a leguas que era hijo de ese hombre.
¡Y el hombre era Emilio!
Las fotos fueron un golpe brutal para Claudia.
Como si le hubieran dado con un palo en la cabeza, la dejaron aturdida.
El corazón de Claudia latía desbocado, golpeándole el pecho con dolor.
La cabeza le zumbaba.
Había pensado que Emilio, siendo un niño rico de la alta sociedad, se había casado de mentira con ella para experimentar la vida de los mortales y divertirse.
Pero Claudia nunca imaginó que Emilio tenía esposa e hijo.
Porque en esos tres años, él actuó demasiado bien, era la imagen del marido perfecto.
Salía a comprar regalos, cocinaba al llegar del trabajo.
Claudia no había encontrado ni rastro de otra mujer.
¡Espera!
¡Viajaba mucho!
¡Todos los meses tenía que salir al extranjero unos días!
Dolores ya le había contado chismes sobre Emilio, diciendo que se rumoreaba que tenía esposa e hijo bien escondidos en el extranjero.

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Los comentarios de los lectores sobre la novela: De día mi Jefe cruel, de noche mi Esposo dulce