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De día mi Jefe cruel, de noche mi Esposo dulce romance Capítulo 87

Al principio, nadie entendía por qué Emilio quería poner en apuros a una jovencita. Pero viendo la situación actual, todo quedó claro. El señor Salazar iba tras Javier, sabiendo que él jugaría al héroe.

Especialmente recordando la pregunta impertinente que hizo Emilio al inicio. Ese tono frío y sombrío, esa rivalidad implícita, era como de... rivales de amores.

Elena Jiménez, la famosa coreógrafa, ató cabos. ¿Rivales? ¿Sería por Julieta? Elena era la mejor amiga de Julieta.

Cuando Javier entró con Claudia, Elena ya había sentido algo raro. El presidente de la Asociación los confundió con una pareja y Javier no lo negó. Eso hizo que Elena se indignara por su amiga. Así que cuando Javier bebió por Claudia, Elena grabó un video a escondidas y se lo envió a Julieta, que estaba en el extranjero.

Ahora, al ver al señor Salazar enfrentando a Javier, Elena no pudo evitar enviarle un mensaje a Julieta: «El señor Salazar de Grupo Salazar está interesado en ti, ¿lo sabías?».

Julieta no respondió.

Ahí mismo, Javier estaba a punto de beber por Claudia, pero ella lo detuvo:

—Javier, no hace falta que hagas esto, yo puedo manejarlo.

—Claudia, estoy bien.

Claudia agarró a Javier de la manga con firmeza. Se daba cuenta de que Javier tampoco aguantaba mucho el alcohol; tenía el cuello y las orejas rojas.

Mientras discutían, Emilio azotó la copa contra la mesa.

—Olvídenlo, ver la escena del héroe salvando a la damisela dos veces ya aburre.

Un beso ardiente y dominante cayó sobre ella, con una voracidad incuestionable, presionando con fuerza sus labios. Claudia abrió los ojos con asombro y comenzó a luchar con todas sus fuerzas. Pero él la tenía atrapada en sus brazos, inmovilizándole hasta los dedos.

La ira brotó desde el fondo de su ser como una llama capaz de incendiar un bosque. Claudia se sintió humillada. ¿Qué derecho creía tener para hacerle lo que quisiera?

No supo de dónde sacó fuerzas, pero se soltó de Emilio y le propinó una cachetada.

—Emilio, ¿te volviste loco?

El golpe hizo que el hombre girara la cara. Algunos mechones de cabello cayeron sobre su frente, cubriendo sus ojos entornados. Su mandíbula se veía más afilada que antes y parecía haber adelgazado.

Claudia jadeaba ligeramente, con la boca llena de sabor a alcohol mezclado con el aroma frío y característico de él.

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