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De Esposa Desechable a Cirujana Renacida romance Capítulo 1007

Belén caminaba a paso acelerado, ignorando el dolor punzante en la pierna que le rogaba que se detuviera. Apretó los dientes y salió corriendo del lugar.

Fabián se levantó de golpe, a punto de gritarle algo, pero antes de que pudiera pronunciar una palabra, Frida deslizó la mano y enganchó sus dedos suavemente con los de él.

En ese instante, a Fabián le invadió una irritación inexplicable.

La suave voz de Frida resonó a su lado:

—Fabián...

Pero él reaccionó por puro instinto, soltando un gruñido:

—No me toques.

Frida se quedó de una pieza. Lentamente, empezó a retirar la mano.

Antes de que pudiera apartarse del todo, Fabián la agarró con fuerza.

Se giró hacia ella, se sentó de inmediato en la cama y la miró con los ojos llenos de culpa.

—Frida, perdóname... no quería gritarte.

Frida lo miró con los ojos enrojecidos y, con un nudo en la garganta, susurró:

—Fabián, por favor... no desquites el enojo que tienes con ella en mí. ¿Sí?

Fabián se quedó paralizado, completamente desorientado.

Después de un largo momento, volvió a disculparse:

—Perdón.

Frida negó suavemente con la cabeza, esbozando una sonrisa tenue.

—Fabián, jamás se me ocurriría culparte.

Él extendió los brazos y la envolvió en un abrazo. Ella apoyó la mejilla contra su cuello. La nuez de Adán de Fabián subía y bajaba, rozando el rostro de Frida.

—Frida, dejé que te hicieran sentir mal otra vez —murmuró, sintiéndose terrible, con una voz involuntariamente más suave.

Acurrucada en su pecho, escuchando los fuertes latidos de su corazón, Frida le dijo:

—Cuando nos casemos, ya no puedes volver a hacer esto.

Lo dijo en un tono mimado, y aunque a Fabián no le causó ni la más mínima emoción, asintió con seriedad:

—De acuerdo.

Aceptó tan rápido que Frida se sintió feliz.

Pero mientras se abrazaban, las mentes de ambos estaban en lugares completamente distintos.

Dicho esto, se hizo a un lado, furioso.

Dolores le lanzó una mirada fulminante a su esposo y luego se dirigió a Belén con voz suave:

—No le hagas caso a tu hermano, ya sabes cómo es. En el fondo estaba muerto de preocupación por ti.

Belén asintió, intentando sonreír.

—Sí... lo sé.

Dolores le dio unas suaves palmaditas en la mano.

—Anda, sube a descansar. Y no te atormentes por lo de Tobías, te aseguro que todo va a salir bien.

Forzando una sonrisa, Belén respondió:

—Está bien.

Una vez en su cuarto, lejos de encontrar la paz, agarró su celular y llamó a Mateo Carrillo.

Apenas él contestó, Belén estuvo a punto de romper a llorar.

—Señor Mateo, ¿usted... usted sabe lo que le pasó a Tobías?

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