Esperaron un momento frente a la puerta, pero desde adentro no se escuchó ninguna respuesta de Edgar defendiendo a Frida.
Finalmente, la paciencia de Fabián se agotó y abrió la puerta de una violenta patada.
En el instante en que la puerta se estrelló contra la pared, todos los presentes en la habitación guardaron un silencio sepulcral, llevándose un susto tremendo.
Cuando vieron quién estaba de pie en la entrada, la culpa se reflejó en los rostros de cada uno de ellos.
Frida, sintiendo la intensa rabia que emanaba de Fabián, instintivamente extendió la mano para tirar de su brazo, rogando en silencio que no causara un escándalo en ese momento.
Contrario a lo que ella temía, Fabián no entró enfurecido para volcar la mesa. Se quedó de pie en el umbral, con el rostro helado y sin la menor intención de sonreír.
Aunque no levantó la voz, el aura gélida que proyectaba era tan pesada que todos en la sala la sintieron con claridad.
Cuando Fabián finalmente comenzó a caminar hacia el interior, tomó la mano de Frida con firmeza.
Al entrar juntos, todas las miradas se clavaron en ellos.
El salón había sido decorado cuidadosamente. Lucas ocupaba el asiento principal, con Edgar sentado a su lado. Junto a Lucas había dos asientos vacíos, obviamente reservados para Fabián y Frida.
Sin embargo, Fabián no se dirigió a sus lugares. Se quedó de pie cerca de la puerta, clavando una mirada sombría en el rostro de Edgar.
Edgar, por su parte, le sostuvo la mirada.
En medio de un silencio absoluto, el cruce de sus miradas desató una batalla sin pólvora ni armas.
Al notar que Fabián no pronunciaba palabra mientras todos los observaban, Frida intentó mantener la compostura. Esbozando una sonrisa brillante, le entregó el regalo que había preparado a Lucas y dijo:
—Feliz cumpleaños, Lucas.
Lucas se levantó de su asiento, se acercó a Frida y tomó el obsequio con cortesía.
—Gracias, Frida.
Después de agradecerle, Lucas levantó la mano, dispuesto a invitar a Fabián y a Frida a sentarse. Pero entonces, Fabián desvió la mirada que tenía fija en Edgar y se giró hacia Lucas, advirtiéndole con voz grave:
—De ahora en adelante, ella es tu cuñada.
Lucas se quedó pasmado. Instintivamente, volteó a mirar a Edgar.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: De Esposa Desechable a Cirujana Renacida
Faltan muchos capitulos y a los que hay les falta parte del texto. Asi es imposible. Te gastas dinero para leer u te toman el pelo....