Como entraron tarde, Fabián giró la cabeza por inercia para mirar quiénes eran. Al hacerlo, se dio cuenta de que se trataba de Tobías y Belén.
Tobías llevaba en una mano un balde de palomitas y unos cafés, y con la otra sostenía firmemente a Belén por la muñeca.
Esa noche, Tobías lucía un elegante traje hecho a medida cubierto por un abrigo impecable. Belén, por su parte, llevaba una chamarra blanca acolchada y una falda corta con medias invernales.
Ella también se había maquillado; un estilo sutil que resaltaba la delicadeza de sus facciones y le daba un aire hermoso y encantador.
Sus asientos estaban en el centro de la sala. Al acomodarse, atrajeron las miradas de los espectadores y desataron una ola de murmullos.
—¡Vaya, ese hombre es guapísimo! Su novia tiene mucha suerte.
—Ella también es preciosa. Hacen una pareja de revista, se ven perfectos juntos.
—Ojalá yo tuviera un novio así.
—Y a mí no me molestaría ser el novio de esa chica.
Las voces llenas de admiración resonaban por todo el lugar.
Sin embargo, para Fabián, esos comentarios se clavaban como cuchillos en su orgullo, generándole una profunda irritación.
Frida notó el repentino cambio de humor de Fabián. Lo miró de reojo, pero prefirió guardar silencio.
La película era un thriller de misterio que intercalaba momentos de comedia.
En general, la trama era bastante entretenida.
Frida estaba atrapada por la historia, pero Fabián apenas le prestaba atención a la pantalla. Se pasaba el rato respondiendo mensajes o jugando en el celular.
Esa actitud ausente molestaba mucho a Frida, pero sabía que no estaba en posición de reprocharle nada.
Por eso, optó por callar e ignorar su frialdad.
Durante los ratos libres de la película, Frida no podía evitar desviar la mirada hacia los asientos del medio, donde estaban Tobías y Belén.
Ambos parecían inmersos en la pantalla, riendo al unísono en las escenas graciosas. Cada vez que pasaba algo divertido, se acercaban y se susurraban cosas al oído con total naturalidad.
Poco después, Tobías se levantó de su asiento y salió de la sala a paso apresurado, sin que estuviera claro a dónde iba.
Belén se quedó sola en su lugar.
La realidad era mucho más simple: Belén se había ensuciado las manos con un poco de café dulce. Aunque tenía servilletas, la sensación pegajosa no desaparecía, así que Tobías había salido a comprar toallitas húmedas para ella.
Desde la última fila, Fabián tampoco había perdido detalle de todo lo que ocurría en el centro de la sala.
Al ver lo bien que se llevaba Belén con Tobías, un pensamiento amargo cruzó por su mente: si ella ahora estaba tan apegada a otro hombre, tal vez todo ese amor que alguna vez juró tenerle a él, no había sido más que una mentira.
Justo cuando esos pensamientos rondaban su cabeza, un grito ensordecedor retumbó desde la entrada de la sala.
—¡Que salga la de apellido Soler! ¡Sal de ahí ahora mismo!
Era la voz de una mujer, y entró con tanta fuerza que parecía que el suelo del cine temblaba.
Era una mujer corpulenta y de aspecto feroz. Apenas cruzó la puerta, sacó de entre su ropa un cuchillo largo y afilado.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: De Esposa Desechable a Cirujana Renacida
Faltan muchos capitulos y a los que hay les falta parte del texto. Asi es imposible. Te gastas dinero para leer u te toman el pelo....