Si de verdad no quería divorciarse, entonces, ¿por qué la había llevado con tanta urgencia al Registro Civil la última vez para firmar los papeles?
Pero al escuchar sus palabras, Fabián bajó la mirada, ocultando cualquier rastro de emoción en sus ojos. Belén no tenía idea de lo que él estaba pensando, y francamente, tampoco le importaba.
Aprovechando que él estaba distraído, se sentó rápidamente en el sofá y se arregló el traje de baño para cubrirse bien.
De repente, Fabián giró el rostro hacia ella y rompió el silencio.
—No lo sé.
Belén retrocedió un poco, confundida.
—¿Qué cosa?
—No sé si de verdad quiero divorciarme de ti —confesó él, con voz ronca.
Al entender lo que quería decir, Belén le respondió con firmeza:
—Sí lo sabes. Solo que te niegas a aceptarlo.
Fabián clavó sus ojos en ella y, de pronto, soltó una respuesta cargada de frustración:
—A quien me niego a aceptar es a ti, no a mí. Yo…
Belén no estaba dispuesta a escuchar sus excusas. Lo cortó de golpe, alzando la voz.
—¡Basta! Rosa y Fabio me están esperando. Tengo que irme.
Sin darle tiempo a replicar, se levantó del sofá y caminó directamente hacia la puerta de la habitación.
Esta vez, Fabián no hizo el menor intento de detenerla.
El calor dentro de la sauna era sofocante, y Belén sentía que no podía soportarlo ni un segundo más. Si se quedaba, sentía que se desmayaría ahí mismo.
Al llegar a la puerta, agarró la manija y tiró de ella.
Justo en el instante en que la abrió, vio a Tobías, Mateo y Esteban acercándose a paso rápido por el pasillo.
Al verla salir, los tres corrieron hacia ella con evidente preocupación.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: De Esposa Desechable a Cirujana Renacida
Faltan muchos capitulos y a los que hay les falta parte del texto. Asi es imposible. Te gastas dinero para leer u te toman el pelo....