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De Esposa Desechable a Cirujana Renacida romance Capítulo 351

Al ver que Belén no decía nada, Tobías comenzó a impacientarse.

—Preciosa, ¿acaso ese hombre te dijo algo desagradable que te hizo enojar?

Era cierto que le había pedido al hombre que le dijera a Belén que él era su verdadero amor.

Pero como no había estado presente, no sabía exactamente cómo se lo había dicho.

Temía que el hombre hubiera dicho algo equivocado y la hubiera molestado.

El rostro de Belén permanecía impasible, y su silencio preocupaba aún más a Tobías.

—Voy a preguntarle a ese tipo qué demonios te dijo —murmuró, mientras se daba la vuelta—. ¿Cómo se atreve a hacer enojar a mi preciosa? Voy a buscarlo.

La actitud amenazante de Tobías asustó a Belén, quien rápidamente lo tomó de la mano.

—Tobías, no hagas un escándalo, estoy bien.

—Entonces dime qué te dijo —insistió Tobías, dispuesto a llegar al fondo del asunto.

Belén no estaba dispuesta a repetirle las palabras del hombre, así que inventó algo.

—Me dijo que no solo voy a morir joven, sino que también le traigo mala suerte a mis esposos. Que después de divorciarme, es mejor que no vuelva a buscar a nadie, para no hacerle daño a nadie ni a mí misma.

Apenas terminó de hablar, Tobías la atrajo hacia su pecho con un movimiento brusco. Le dio unas suaves palmaditas en la boca mientras exclamaba con urgencia:

—¡Toca madera! ¡Escúpelo, no digas esas cosas de mala suerte!

A Belén, en realidad, no le importaba, pero no esperaba que a Tobías le preocupara tanto.

Se quedó tan sorprendida que no supo qué responder.

Al verla inmóvil, Tobías se angustió aún más.

—Belén, ¡toca madera! ¿Quieres matarme de un susto?

Belén finalmente levantó la vista hacia él.

—Aunque lo haga, si es verdad, no podemos cambiarlo.

Tobías no sabía con certeza qué había dicho el hombre, pero se tomó en serio las palabras de Belén.

Al ver su indiferencia, la abrazó con fuerza, apoyando la barbilla en su hombro.

—Belén, aunque le trajeras mala suerte a tus maridos, me casaría contigo. Si vas a morir joven, te daría mi propia vida. En resumen, quiero casarme contigo, quiero que seas mi esposa. En esta vida, no quiero a nadie más que a ti.

El teléfono seguía sonando. Lo sacó y vio que era Camila quien llamaba.

Dudó un momento, pero finalmente contestó.

—Señora, ¡por fin la encuentro! —dijo la voz angustiada de Camila—. Estuve llamando al señor, pero no contestaba.

Al oír la urgencia en la voz de Camila, Belén frunció el ceño.

—¿Qué pasa?

—Cecilia tiene fiebre. Acabo de subir a verla y estaba empapada en sudor. Le tomé la temperatura y tiene cuarenta grados.

Al oír esto, Belén se alarmó de inmediato, pero se obligó a mantener la calma.

—Camila, dale un antifebril a Cecilia. Voy para allá ahora mismo.

—Sí, claro, ya entendí —respondió Camila.

—Cualquier cosa, llámame. Voy a buscar al papá de Cecilia —dijo Belén.

***

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