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De Esposa Desechable a Cirujana Renacida romance Capítulo 1005

Al notar la reacción de Cecilia, Frida se apresuró a tomarle la manito.

Sintiendo el calor en la palma de Frida, el corazón de la niña se tranquilizó un poco.

Por su parte, Fabián soltó una carcajada irónica y miró a Belén.

—¿A buscarme?

—Sí, a ti —respondió Belén sin dudarlo.

Al escuchar la firmeza en su respuesta, la sonrisa de Fabián se desvaneció por completo.

—Pero ahora estoy ocupado —le dijo en un tono cortante.

Sin ningún reparo, Belén fue a sentarse en uno de los sofás de la sala.

—Entonces esperaré aquí hasta que te desocupes.

A Fabián parecía no agradarle en absoluto su presencia y le lanzó una mirada fría.

—Como quieras.

Una vez sentada, Belén comenzó a observar su entorno.

La Mansión Armonía ya no era la misma de antes.

Absolutamente nada en ese lugar le pertenecía ya, y todo lo que ella había decorado y elegido con tanto esmero, ahora le pertenecía a otra mujer.

Pensar en eso la llenó de amargura.

Había estado con Fabián durante tantos años y, al final, se iba sin recibir ni un solo centavo de compensación.

Tal vez era porque Belén estaba ahí, pero Fabián se mostró aún más atento jugando con Frida y Cecilia.

Debido a su actitud entusiasta, las dos parecían divertirse muchísimo y las risas no paraban.

Al ver la escena, Belén entendió que no iban a detenerse pronto.

En vez de quedarse ahí esperando en vano, bien podría recostarse y descansar.

En momentos así, cuanto más intentaba el otro desestabilizarla, más tranquila y fría debía mantenerse.

Fabián soltó una risita enamorada, se inclinó y le dio un tierno beso en el cabello antes de susurrar:

—Si te gusta tanto, te haré masajes todas las noches.

Frida levantó la mano, acarició los dedos de Fabián y le sonrió con dulzura.

—¿Cómo crees que voy a ser capaz de eso? Ya trabajas demasiado. ¿Por qué tendrías que hacer esto de noche? Debería ser yo quien te masajee a ti.

Las yemas de Fabián acariciaron el dorso de la mano de Frida.

—No es molestia. Tú eres la que se esfuerza todos los días cuidando a Cecilia.

—Fabián, Cecilia es una niña encantadora, se porta súper bien. La adoro.

Cualquiera que estuviera escuchando desde la puerta pensaría que Frida sería una madrastra perfecta.

Pero a Belén no le importaba en lo más mínimo.

Harta de verlos presumir su amor, levantó la mano y golpeó la puerta.

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