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De Esposa Desechable a Cirujana Renacida romance Capítulo 1004

Dolores la tomó por los brazos y la miró con severidad.

—Belén Soler, si todavía me consideras tu cuñada, me vas a hacer caso. No vas a ir a ningún lado. Tienes que confiar en él. Va a estar bien.

Belén la miró fijamente, aturdida, y tras un largo silencio, asintió.

—Sí... lo entiendo.

Dolores le acarició el cabello con ternura.

—Ya está, descansa. Cuando te despiertes mañana, todo habrá pasado.

Aunque todavía estaba en shock, Belén volvió a asentir.

—Sí, lo sé.

Dolores se quedó acompañándola por un buen rato hasta que por fin decidió dejarla sola.

Pero al quedarse en la cama, Belén dio mil vueltas sin poder pegar un ojo.

Tobías estaba sufriendo un castigo injusto por su culpa. ¿Cómo iba a poder dormir tranquila?

Se quedó acostada hasta las nueve de la noche, y finalmente decidió no esperar más. Iba a buscar a Fabián.

Aprovechando que no había nadie en el pasillo, bajó las escaleras de puntillas.

Al salir de la mansión Soler, detuvo un taxi y le dio la dirección de la Mansión Armonía.

Media hora después, el auto se detuvo.

Belén pagó y se bajó.

Al ver aquel lugar, tan extraño y a la vez tan familiar, sintió una punzada en el pecho.

Soltó una sonrisa amarga y entró con paso firme.

En la Mansión Armonía no había muchos empleados y hacía frío, así que logró entrar sin que nadie la detuviera.

Al acercarse a la entrada de la sala principal, escuchó risas y alboroto.

A través de la puerta entreabierta, vio a Cecilia rodeada por Fabián y Frida. Parecían estar armando algo juntos.

Pero al levantar la vista, se dio cuenta de que Camila no le hablaba a ella, sino que estaba mirando hacia la puerta.

Desde su posición, Frida solo podía ver una sombra afuera, pero no lograba distinguir quién era.

Ladeó la cabeza para intentar ver mejor, pero antes de que pudiera hacerlo, Fabián reprendió a Camila con frialdad:

—Camila, ¿acaso no te he dejado claro que mi única señora es Frida?

Al escuchar eso, Belén supo que Fabián ya la había visto.

No quería meter a la empleada en problemas, así que empujó la puerta y entró.

Lo miró con el rostro gélido y le dijo:

—No te desquites con Camila. Vine específicamente a buscarte.

Desde que cruzó el umbral, Belén no dedicó ni una sola mirada a Frida ni a Cecilia.

Al darse cuenta de que era Belén, Cecilia levantó la vista, pero al ver que ella ni siquiera la miraba, sintió una repentina incomodidad en el pecho.

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