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De Esposa Desechable a Cirujana Renacida romance Capítulo 383

Mientras sus pensamientos divagaban, Fabián abrió los ojos de repente.

—Frida.

Fabián se enderezó y se giró para mirarla. Al verla tan pensativa, no pudo evitar llamarla.

Su suave llamado la sacó de sus cavilaciones. Ella levantó la vista hacia él y preguntó con voz queda:

—Fabián, ¿qué pasa?

Fabián la miró con preocupación y un dejo de compasión.

—¿Tienes sueño?

Al oír su pregunta, Frida negó con la cabeza y dijo con una sonrisa:

—No, no tengo sueño.

Fabián le acarició la cabeza.

—Te llevo a casa —dijo con un tono consentidor.

Al oírlo, Frida se negó.

—No te preocupes, me quedo aquí contigo, acompañando a Cecilia.

Fabián frunció el ceño.

—Con que yo me quede es suficiente. Vete a descansar, mañana tienes que hacer tus experimentos.

Al ver que insistía en que no se quedara, Frida cedió en el momento justo.

—Bueno, está bien.

Fabián se puso de pie y le extendió la mano.

—Vamos, te acompaño.

Al mirar esa mano extendida, Frida se quedó absorta por un momento. Inexplicablemente, recordó la imagen de Tobías cargando a Belén.

Pensó que quizá esta era una muy buena oportunidad.

Si Tobías la había malinterpretado, ahora era el mejor momento para explicárselo.

Tras sopesarlo, sonrió levemente.

—Fabián, ya estás muy cansado, no tienes por qué molestarte en llevarme. Yo puedo pedir un taxi.

Fabián, claramente intranquilo, insistió:

—No, me quedo más tranquilo si te llevo personalmente.

Al ver su insistencia, Frida cambió de táctica.

—Cecilia todavía está aquí. Quédate con ella, de verdad que no me va a pasar nada. ¿No vine yo sola hace un rato?

Ante eso, Fabián dudó.

Al pensar en Cecilia, finalmente cedió.

—Tobías, quiero darme un baño.

Al oírla, Tobías se quedó pasmado. La miró fijamente, tratando de detectar cualquier anomalía en su expresión.

Pero en sus ojos había una sonrisa, como si lo que acababa de ver entre Fabián y Frida no le importara en absoluto.

Tobías no preguntó nada más. Se levantó rápidamente.

—Claro, voy a prepararte el agua caliente.

Una vez que el agua estuvo lista, fue a buscarle un pijama y ropa interior limpia.

Cuando todo estuvo preparado, regresó junto a la cama.

—Entonces te llevo en brazos —le dijo.

Belén había observado cómo Tobías iba y venía sin descanso, y no pudo evitar sentirse conmovida.

Y ahora que él quería cargarla, se sonrojó de nuevo.

—Tobías, puedo ir yo sola.

Tobías vaciló un instante y luego, en silencio, retiró las manos.

No la forzó a nada. Si ella no quería que la cargara, no la cargaría.

***

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