Dicho esto, Belén se dio la vuelta, dándole la espalda a Tobías.
Él se quedó de pie, paralizado, sin saber qué hacer.
Si todo estaba bien hacía un momento…
Sintiendo una punzada de inquietud, se sentó al borde de la cama y volvió a preguntar:
—¿Te sientes mal?
Belén no se giró, pero respondió:
—No, solo tengo sueño.
Su actitud había vuelto a ser tan fría como al principio.
Tobías no dijo nada más, pero su mirada se clavó en Belén y se negó a apartarse.
Observaba la parte de atrás de su cabeza con obstinación, como si quisiera ver a través de ella.
Pero, al final, no pudo descifrarla.
«¿Estará triste otra vez por Fabián?», pensó.
Justo cuando pensaba esto, Belén se giró de repente.
La luz de la lamparita de la habitación era tenue, y su expresión se veía borrosa en la penumbra.
Miró a Tobías y, tras un momento de duda, dijo:
—Hueles a perfume.
En realidad, no olía a nada. Lo mencionó a propósito, para ver si Tobías admitía que había estado con Frida.
Al ver que le hablaba de nuevo, Tobías se sintió momentáneamente confundido. Se llevó el cuello de la camisa a la nariz, olfateó, y al levantar la vista, la miró con una expresión pícara.
—Es tu olor.
Al oírlo, Belén esbozó una leve sonrisa.
—Tobías, vamos a dormir. Tengo sueño.
Dicho esto, volvió a darle la espalda.
Tobías había esperado que le hiciera un pequeño espacio, por mínimo que fuera. Pensó que podría meterse en la cama.
Pero Belén no lo hizo. No le dejó ni un centímetro.
Preocupado por no dejarla dormir bien, Tobías no la forzó.
Se sentó en la silla, se recostó sobre el borde de la cama y le envió un mensaje a Mateo en su celular.
—[Mañana ven al hospital a hacerle compañía a tu cuñada.]
Tras un momento de duda, dijo de repente:
—Camila, llámale a la mamá de Cecilia.
Camila se quedó atónita.
—¿Ah?
Fabián había pasado toda la noche pensando en las palabras de Dolores y sentía remordimiento.
—Solo llámale y pregúntale un par de cosas, cómo se siente, si está mejor o algo así.
Camila entendió la intención de Fabián y le aconsejó con insistencia:
—Señor, si de verdad le importa la señora, esa llamada debería hacerla usted.
Fabián desvió la mirada.
—No me importa —dijo con voz sombría—. Pero al fin y al cabo es la madre de Cecilia, y no quiero que le pase nada malo.
Camila suspiró.
—Señor, la señora es una muy buena persona, no vaya a perderla. Usted mismo lo dijo, ella es la madre de Cecilia, y solo una madre de verdad quiere lo mejor para su hija. Si no, se va a arrepentir, y la señorita Cecilia también se arrepentirá.
***

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: De Esposa Desechable a Cirujana Renacida
Faltan muchos capitulos y a los que hay les falta parte del texto. Asi es imposible. Te gastas dinero para leer u te toman el pelo....