Dicho esto, Fabián Rojas se dirigió al salón principal.
Después de calentar una taza de leche en la cocina, subió con ella al segundo piso.
Pilar Rojas, de pie en medio del viento helado de principios de invierno, sintió un frío que le calaba hasta los huesos, uno que no venía del aire, sino de su propio corazón.
Había defendido a Belén Soler con tanta vehemencia, pero ni así había logrado que Fabián cambiara de opinión.
Al subir, Fabián entró en la habitación de Cecilia Rojas.
Cecilia estaba jugando en la cama con su tableta. Al oír los pasos de Fabián, levantó la vista instintivamente y preguntó:
—Papá, ¿vas a dormir conmigo esta noche?
Fabián lo pensó un momento y asintió.
—Claro, pero antes de decirte que sí, tienes que responderme una pregunta.
Cecilia, algo confundida, dijo:
—Pregúntame, pues.
Fabián le entregó la leche tibia.
Mientras lo hacía, le preguntó:
—¿Quién te enseñó exactamente a decir esas cosas de tu tía en la mesa?
Cecilia dudó un instante, pero se mantuvo firme en su versión.
—Fue mamá.
Fabián la miró fijamente a los ojos.
—¿Segura que no me estás mintiendo?
Cecilia asintió con la cabeza.
—No, de verdad.
Al oírla, Fabián se sintió aliviado.
Cuando Cecilia terminó la leche, le dijo:
—Bueno, a dormir.
Cecilia se lamió los labios y volvió a preguntar:
—Papá, ¿y la señorita Frida?
—La señorita Frida está trabajando en un experimento. No volverá en los próximos dos días —respondió Fabián.
Aunque la noticia la decepcionó un poco, Cecilia también sintió una punzada de alegría.
Cuando la maestra de la escuela intentó contactar a sus padres, llamó a Fabián y él no contestó; llamó a Frida Arrieta y ella tampoco. Por un momento, Cecilia había pensado que ambos la habían abandonado.
Ahora que tenía una respuesta, toda la tristeza que había sentido durante el día se desvaneció. Incluso murmuró para sí misma con una sonrisa cómplice:
—Con razón la señorita Frida no contestó la llamada de la escuela.
Al escucharla, Fabián le dijo:
Temiendo que fuera algo del trabajo, abrió el mensaje para echar un vistazo.
Para su sorpresa, el mensaje era de Fabián.
[No andes metiéndole ideas raras a Cecilia en la cabeza.]
Belén no entendió a qué se refería, así que le envió un signo de interrogación.
[?]
Fabián respondió:
[No tiene caso discutirlo. Tú sabes perfectamente a lo que me refiero.]
Belén seguía sin entender, así que simplemente respondió:
[¡Qué te pasa!]
Después de relajarse un rato, Belén se sintió mucho más fresca y renovada.
No le dio más importancia a los mensajes de Fabián y subió a su habitación.
Acababa de entrar cuando sintió un escalofrío en la espalda. En ese instante, una mano le tocó suavemente el hombro.
El contacto fue suficiente para que a Belén se le encogiera el corazón y soltara un grito ahogado por el susto.
Pero antes de que el sonido pudiera escapar, una mano grande le tapó la boca, sofocando el grito en su garganta.
Leandro Soler, que justo subía las escaleras, oyó el chillido proveniente de la habitación.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: De Esposa Desechable a Cirujana Renacida
Faltan muchos capitulos y a los que hay les falta parte del texto. Asi es imposible. Te gastas dinero para leer u te toman el pelo....